Capuchinas

Con el nombre de Capuchinas se conoce un edificio sagrado, dentro del Recinto del Tepeyac; es una construcción de dos plantas, de líneas sencillas, pero tiene, en medio de su sobriedad, una elegancia que se manifiesta en la sincronía de sus ventanas de cantera o en la austeridad de sus muros cubiertos de tezontle, que enmarcan un alto portón, entrada a la iglesia, con columnas sin adornos que sostiene un frontispicio triangular en medio del cual hay un letrero grabado en cantera, fácilmente legible: Sanctus Deus, Sanctus Fortis, Sanctus Inmortalis, Miserere nobis 1782. Esta fecha indica el año en que fue terminada la obra. Su hermosa y esbelta cúpula da agradable coronamiento a todo el conjunto arquitectónico.

Este lugar sagrado se encuentra al lado oriente de la antigua Basílica. Corrían los años de 1778 y siguientes, cuando una religiosa Capuchina con el nombre en Religión de Sor María Ana de San Juan Nepomuceno, del Convento de San Felipe de la Ciudad de México, manifestó sus deseos al Sr. Arzobispo D. Alonso Núñes de Haro y Peralta, de fundar un convento junto a la Insigne y Real Colegiata de Guadalupe, con el fin de que Nuestro Señor fuese más alabado y de que tuviera más fervoroso culto Nuestra Señora de Guadalupe en el lugar de sus apariciones. Se turnó la solicitud al Rey, quien pasados pocos meses concedió la licencia para la construcción del convento en una carta dirigida al Sr. Núñez de Haro, que a la letra dice: "Muy Reverendo en Cristo Padre Arzobispo de la Iglesia Metropolitana de México, de mi Consejo. En carta de veinte y siete de Octubre del año próximo pasado, tuve a bien conceder en real cédula de tres de Junio de mil setecientos y ochenta mi real licencia y permiso para que se procediera a la fundación de un convento de Capuchinas en la expresada Colegiata , eligiendo por presidenta Abadesa provisionalmente, y hasta hubiera elección a Sor María Ana, mediante ser a propósito para ello. Yo el Rey" . (Archivo de la Madres Capuchinas de la Villa).

El nombre de Capuchinas se debe, por tanto, al hecho de que fue construido para ser el Convento de las Madres Capuchinas, quienes pidieron licencia al Cabildo de Guadalupe, para la fábrica de un convento en esta Villa, lo cual consta en el Pelícano (breve junta de Cabildo) del 10 de mayo de 1779. Pasados años el Cabildo (pelícano del 11 de marzo de 1781) recibe la noticia de que el Rey D. Carlos III había concedido la licencia a las Madres Capuchinas para la fundación de su Convento, quienes dieron comienzo a la construcción en 1782 y la terminaron en 1787. La incansable fundadora fue la Madre María Ana Echeverría y Veitia.

El convento de Capuchinas ha sufrido, durante más de doscientos años, muchos cambios, desde que las religiosas fueron exclaustradas por primera vez en 1863, aunque por breve tiempo, ya que el segundo imperio les restituyó su convento; al Imperio de Maximiliano las religiosas volvieron a salir de su claustro para no volver, sino por breve tiempo. Mientras tanto, el edificio de Capuchinas, ha sido ocupado para varios menesteres, desde hospital hasta cuartel u oficinas de gobierno.

En esta época reciente ha vuelto al culto divino, siendo la sede de la Parroquia de Guadalupe. Hubo un largo tiempo en que no se pudo utilizar, por haber sufrido notable hundimiento todo el edificio; sin embargo, gracias a la tecnología desarrollada y aplicada por técnicos mexicanos se logró nivelar la Iglesia y la Sacristía en tal manera, que no se nota ninguna fisura en los muros o columnas.

Inicio