Domingo de Resurrección, 16 de Abril 2017

En esta Pascua me dirijo a todos ustedes con la noticia más importante que el hombre haya podido escuchar y conocer jamás: Nuestro Señor Jesucristo, que sufrió todo un sin fin de tormentos hasta morir en la cruz del Gólgota...

Homilía pronunciada por el Sr. Cardenal Norberto Rivera C.,
Arzobispo Primado de México, en la Catedral Metropolitana de México.

16 de Abril 2017, Domingo de Resurrección.

 

En esta Pascua me dirijo a todos ustedes con la noticia más importante que el hombre haya podido escuchar y conocer jamás: Nuestro Señor Jesucristo, que sufrió todo un sin fin de tormentos hasta morir en la cruz del Gólgota, para que fueran perdonados nuestros pecados, ha resucitado, como lo había previsto y anunciado. ¡Aleluya! Demos gracias al Padre porque Jesús ha vencido a la muerte, y con esa victoria también nosotros la venceremos y podremos disfrutar algún día, con Él y con todos los santos, las moradas que nos tiene preparadas en el cielo.

San Pablo nos decía ayer en la Vigilia Pascual: "Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo, fuimos incorporados a su muerte", por ello, con su resurrección, también resucitamos todos los bautizados a una vida nueva, porque el que resucita ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. En efecto, Cristo ha redimido a la humanidad entera, a todos los hombres, sin excepción. Cristo, víctima inocente de una cruz, que debía ser la nuestra, nos ha reconciliado a nosotros, pecadores, con el Padre. Por eso, en esta gran Fiesta de la Pascua de Resurrección anunciamos la reconciliación de la humanidad con Dios, por obra de Cristo.

Pues bien, ésta es la historia del hombre. Éste pasa su vida luchando contra el mal, enfrentándose de continuo a la muerte. Pero, he aquí que, de pronto, descubrimos hoy, Domingo de la Resurrección de Jesucristo, que Dios interviene en nuestras pobres existencias para hacernos saber que los afanes por salvar nuestra vida son cumplidos por la misericordia de Dios. ¡Deténgase la angustia del hombre! Hoy la muerte ha sido derrotada. Y si ésta es la noticia, como hijos salvados del pecado y de la muerte, ahora nosotros tenemos el deber hermosísimo de continuar la obra que Él inició. Porque quien murió por nuestros pecados quiere que nosotros seamos quienes lo ayudemos a llevar el mensaje de la Resurrección al resto de nuestros hermanos, allí donde se encuentren.

Pero, ¿dónde se encuentran nuestros hermanos? Las mujeres que acudieron al sepulcro en aquella primera mañana de Pascua son el ejemplo perfecto de la transmisión de la buena noticia. No dudaron. Corrieron donde estaban los tristes, los acobardados, los sufrientes, y así, ellos fueron los primeros en recibir el mensaje de la salvación. No es difícil encontrar entre nosotros a hombres y mujeres tristes y desconsolados porque no encuentran el sentido de sus vidas: cuando muere un familiar, cuando la crisis económica amenaza a tantas de nuestras familias de esta gran ciudad, cuando vemos tantas injusticias a las que no podemos poner remedio desde nuestros limitados recursos humanos... Todos sabemos quién es ese familiar, amigo o vecino que necesita de la esperanza de la resurrección para continuar su vida con dignidad.

Iglesia, mi querida Iglesia de México, no te olvides de que eres Familia de Dios; organízate, crea espacios y ambientes donde todos tus hijos tan diversos, se sientan en casa, amados, respetados y promovidos. Celebra tu fecundidad y transmite la vida de Dios.

Quizá sin darte cuenta llegaste a ser indiferente a las cosas de Dios, si es que no has terminado en la incredulidad. Los motivos pueden ser muchos; pero ¿por qué no te das otra oportunidad? No se trata de abrirse a una de tantas ideologías que buscan el poder o el control. Los estoy invitando a tener una experiencia de Jesucristo, de su estilo de vivir la vida en una sociedad concreta, de acercarse a diversos hermanos que sufren en el cuerpo o en el alma. Tú puedes encontrar a Jesucristo que te busca, siempre que compartas con el necesitado algo de lo que tú tienes. Agentes de Evangelización: como Pedro, Santiago y Juan en el huerto de Getsemaní, nos hemos dormido. No hemos caminado al ritmo de los cambios de la sociedad. Se nos ha olvidado cómo evangelizar con nuevos medios, nuevo ardor y nuevos métodos. Diversas religiones falsas están confundiendo a los que antes considerábamos seguidores seguros de la Iglesia. Urge despertar una nueva conciencia misionera. Hay que salir a buscar a las familias, a los jóvenes, a los pobres. Tenemos que aprender a dialogar con las diversas culturas o modos de vivir. Urge que favorezcamos la formación de pequeñas comunidades de crecimiento en la fe. Con la fuerza del Espíritu Santo debemos volver a anunciar el Evangelio de Jesucristo con palabras y con obras.

En nuestros tiempos, donde los hombres caminan tan perdidos detrás de las modas y de los falsos profetas, se hace urgente que todos los cristianos seamos testigos de la Resurrección del Señor. Proclamemos, pues, todos juntos y cada uno en su lugar, que Cristo es la esperanza para todos los hombres. Que Dios permita participar de la alegría pascual a todos nuestros hermanos: los que viven bajo la tensión de las armas, los que entran o salen de nuestras fronteras en busca de una mejor vida para sí y para sus familias, los que sufren la violación de sus derechos, los que viven bajo la persecución religiosa.

Que nuestra Santísima Madre de Guadalupe, testigo excepcional de la Resurrección de su divino Hijo, nos ilumine para llevar el mensaje de la Pascua a todos nuestros hermanos, Y que el Beato Juan Diego, que supo recibir con gozo la Buena Nueva de labios de la misma Señora del Cielo y dedicó toda su vida a transmitir esa Buena Noticia a todos los moradores de estas tierras interceda por nuestros trabajos misioneros.

 

Back to top