Aunque la obra hubiese
sido suspendida de hecho, algo continuaba trabajándose,
sobre todo en su interior; sabemos así que hacia
1737 era maestro mayor don Domingo de Arrieta. El hizo,
en compañía de José Eduardo de
Herrera, maestro de arquitectura, las tribunas que
rodean el coro. En 1742 Manuel de Alvarez, maestro
de arquitectura, dictaminó con el mismo Herrera
acerca del proyecto de presbiterio que presentó Jerónimo
de Balbás. Este escultor había trabajado
de 1718 a 1737 en la obra extraordinaria del altar
de los Reyes, como veremos más tarde, así como
en el altar mayor.
En 1752, el 17 de septiembre, "se colocó en
la coronilla del cimborrio de esta Santa Iglesia Catedral
una hermosísima cruz de fierro, de más
de tres varas, con su veleta, grabada en uno y otro
lado la oración del Sanctus Deus, y en medio
de ella un óvalo de a cuarta, en que se puso
por un lado una bellísima cera de Agnus con
su vidriera y en el otro lado una lámina en
que se esculpió a Señora Santa Prisca,
abogada de los rayos. La espiga de dicha cruz es de
dos varas y todo su peso de catorce arrobas; clavóse
en una hermosa peana de cantería." |