Así, el doctor
Zorita dice en su relación de la Nueva España: " El
cimiento que primero se había hecho para ello costó ochenta
mil pesos y se dejó por no se poder proseguir por
aquella orden a causa del agua, que no se podía
agotar aunque a confina andaban trabajando en ello con
sus biombos, y se mudó a otra parte y se hace de
estacada el cimiento por una orden sutil y de buen ingenio
con que se hincan las estacas y todas quedan parejas a
raíz del agua y de ahí adelante sobre la
haz de la tierra hazen vn plantapié de argamasa
que toma todo el edificio de la yglesia, porque con el
peso se sumen los edificios de la laguna y quede que se
podrá sumir (sic), y también porque no
lleguen los cuerpos de los difuntos en las sepulturas al
agua".
La primera obra
de los cimientos fué trabajada
por indios, los cuales se quejan en el Códice Osuna
de que no les han pagado su trabajo.
Poseemos dos reales
cédulas que nos aclaran, hasta
sacarnos completamente de duda, tan oscuro problema. La
primera fué dada en el Pardo, el 4 de mayo de 1569,
y en ella se dice que la Corona se ha enterado de las dificultades
para hacer una iglesia tan suntuosa como se había
ordenado, a causa de que la cimentación tenía
que ir sobre agua y que los temblores son ordinarios en
la tierra, por lo que los edificios de bóveda corren
riesgo; además, que sería demasiado costosa
si se hiciese de siete naves como la de Sevilla; que por
tanto se haga en la forma más adecuada y que si
es preciso se cubra de madera.
El segundo documento,
fechado en la ciudad de México
el 15 de febrero de 1570, nos enseña que el virrey
don Martín Enríquez convocó a una
junta de oidores y autoridades eclesiásticas para
tratar lo que convendrá hacer para el edificio
de la iglesia, de acuerdo con la cédula anterior. "E
porque pareció que en la parte e lugar donde se
había comenzado a plantar y sacar cimientos no es
tan cómodo como conviene, a causa del perjuicio
que podrían recibir las casas reates e calle principal
que viene del hospital del Amor de Dios a la plaza mayor
de esta ciudad, e por otros inconvenientes muy notorios,
se acordó que se plante y edifique en el lugar donde
están los portales que llaman de Lerma, tomando
(de) la plaza pequeña que está delante de
las casas del marqués del Valle, lo que pareciere
ser necesario a disposición de su Exa. e de esta
Real Audiencia, Norte Sur, poniendo la puerta del Perdón
hacia la plaza mayor y el campanario a la cabezada de la
dicha iglesia que se hubiere de hacer, e que sea de tres
naves claras y a los lados de ellas sus capillas colaterales
y que todo se cubra de madera. Y en cuanto a los cimientos
que se han de sacar se nombrarán oficiales expertos
y hábiles que lo vean y den su parecer para que
conforme a lo que de ello resultare, se provea en ello
lo que más convenga."
Este documento nos
aclara por completo el origen de nuestro templo: se abrieron
en un principio los cimientos en dirección
oriente poniente, la que tenía la catedral antigua.
En dichos cimientos se desplantó la iglesia de siete
naves a semejanza de la de Sevilla, mas como eso era difícil
de realizarse y había obstáculos para conservar
la primitiva traza, se volvieron a hacer cimientos que
seguían una dirección norte sur y sobre ellos
se desplantó la actual iglesia con su puerta del
Perdón a la plaza, de tres naves con dos colaterales
de capillas.
El tercer documento
consiste en d dictamen de los maestros arquitectos para
la cimentación de la obra. Primero
dictamina Alonso Ruiz, maestro de cantería, vecino
de la ciudad de los Ángeles; en seguida dan su opinión
Miguel Martínez, obrero de las casas reales, Juan
Sánchez, Juanes de Ibar y Ginés Talaya. El
dictamen del primero tiene fecha de 13 de marzo de 1570
y el de los otros data de dos días después.
Sustancialmente están de acuerdo todos y dicen: "Nos
parece que el pavimento de todo el edificio comprendiendo
vacuas y macizos se saca de una masa y estructura de su
mezcla y piedra crecida desde la superficie del agua hasta
un estado sobre el suelo de la plaza, estacándolo
por debajo con sus estacas gruesas y espesas hasta ponella
en lo más fijo y sobre esta dicha cepa se erigirán
sus cimientos crecidos de dos varas de medir de alto para
los enterramientos y sepulturas que ha de haber en la dicha
iglesia y de allí empezará a despedir el
edificio fuera de la tierra porque de allí para
abajo queda por cepa y carcañal del edificio."
Es indudable que
se aceptó la opinión de
los maestros de arquitectura y los cimientos se hicieron
conforme a sus indicaciones. Resulta curioso observar que
la profundidad que daban a su cimentación debía
servir para sepultura y enterramiento, idea que se ha aprovechado
en la actualidad para construir las criptas para restos
humanos que se están edificando, si bien en otra
forma más higiénica, más decorosa
y más práctica de como se hacían tales
sepulcros en la época colonial.
Sobre aquella plataforma
que presentaba ya el sólido
aspecto de una nueva tierra, se desplanta el templo y se
coloca con toda solemnidad la primera piedra. El virrey
de Nueva España, don Martín Enríquez
de Almanza, debe haber tomado gran empeño en la
obra, pues desde el 12 de septiembre de l571 escribe a
la Corte una carta en que se refiere a las obras de la
catedral de México: el 29 de marzo de 1574 vuelve
a dirigirse en otra carta tratando también de las
obras de la Catedral de México y lo mismo el 23
de septiembre de 1575 y el 25 de marzo de 1576. Si conociésemos
el texto de dichas cartas podríamos apreciar el
estado en que se encontraba la obra, por más que
lo suponemos, pues levantados los cimientos se seguía
trabajando en ella y en año 1580 informa sobre la
construcción el conde de Coruña. El año
siguiente, l581, vuelve a escribir y su carta cuyo texto
conocemos nos da la siguiente información: "Yo
he bisitado la obra nueua de la ilesia catedral que V.
M. manda hazer en esta ciudad y están sacados los
cimientos poco más de la haz de la tierra, y según
va elegido parece que durará hasta acabarse más
de quarenta años".
Cuatro años más tarde, en 1585 se trabajaba
ya en la obra de las capillas: se habían hecho por
lo menos dos encasamentos hacia el lado del oriente, es
decir, los nichos que existen en las capillas contiguas
a la sacristía, los cuales todavía pueden
verse y servían de altares en dichas capillas. Era
obrero mayor de la fábrica el capitán Melchor
Dávila hasta 1584, en que murió, como hemos
dicho, y maestro mayor Claudio de Arciniega. Podemos citar
hasta los nombres de los canteros que trabajaban en la
obra: las capillas las labraba Juan Arteaga y los encasamentos
Hernán García de Villaverde, que además
trabajaba en los pilares torales cuyas medias muestras
esculpía Martín Casillas.
El plano de la ciudad
de México que nos muestra
el centro de la capital en 1596, nos enseña cómo
la obra iba ya bastante adelantada para poder ser reproducidos
los fustes de las columnas y las jambas de las puertas.
Desde 1581 a 1615
se habían levantado los muros
que circunscriben el templo a más de la mitad de
su altura, así como los que separan las capillas;
faltaban los de la fachada principal. Estaban construidos
todos los pilares, algunos hasta los capiteles y otros
a su segundo tercio y se habían cerrado ocho bóvedas:
dos sobre los vestíbulos de las puertas del lado
del norte, dos sobre la sala capitular y cuatro sobre las
capillas inmediatas, en cada nave, a la sala capitular
y sacristía. |