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Consagración de México
al Espíritu Santo
QUÉ ES UNA CONSAGRACIÓN
Consagrar nuestra patria al
Espíritu Santo no es un
acto piadoso son más, es tomar conciencia de que Dios
nos ha elegido para Él, para su servicio, para dar frutos
de santidad. Es proclamar a Jesucristo como el dueño y
Señor de la historia. Es comprometernos en la tarea de
hacer de México un templo donde vivan y reinen el amor,
la paz, la concordia, los valores.
Consagrar es una acción de Dios con la que Él reserva
para sí y destina a su servicio, por mediación
de la iglesia, a la criatura que se le ofrece respondiendo a
su llamado. De ahí que, consagrarnos al Espíritu
Santo, es abrirnos a su divino influjo y ofrecernos para que
nos consagre. En realidad, ya fuimos consagrados por Él
en el bautismo y la confirmación y, la entrega que ahora
queremos reiterar, significa aceptar consciente y libremente
la Consagración de la cual fuimos objeto entonces, recibir
con renovada fe el Don de Dios Altísimo, entregarnos a Él
y comprometernos a ser dóciles a su acción para
que manifieste en nosotros y a través de nosotros su divina
eficacia, haciéndonos vivir como verdaderos cristianos
para edificación de la Iglesia y el mayor bien de todos.
Esto supone una sincera conversión. Cada persona y cada
grupo saben o deben tomar conciencia de cuáles con los
aspectos de su vida en los que Dios les pide conversión,
tanto en la vida persona y familiar, como en la vida social y
eclesial, sea que se trate de laicos o de religiosos y sacerdotes.
Convertirse es reconocerse pecador y arraigado en el mal;
es renunciar al pecado y a las ataduras con que nos esclaviza;
es pedir perdón y confiar en que se recibe; es conocer
la Voluntad de Dios y dedicarse a cumplirla.
Convertirse, también es reconocer que no tenemos la capacidad
para vivir la nueva vida que Dios nos pide con la conversión.
La experiencia nos da testimonio de que somos incapaces de cambiar
nuestra conducta por nosotros mismos y que necesitamos el auxilio
poderoso del Espíritu que cambie nuestros corazones. Cuando
uno está más necesitado, tanto más debe
acercase al que es la fuente perenne de luz, de fortaleza, de
consuelo y de santidad.
Por consiguiente, la Consagración al Espíritu Santo,
requiere que nos presentemos con humildad ante Dios, reconociendo
que tenemos necesidad de ser salvados, insistiendo en una oración
llena de confianza y dispuestos a ratificar nuestra entrega con
acciones, mediante las cuales, la vida de Dios se haga presente
en nosotros y en las circunstancias que vivimos.
No pensemos, por otra parte, que la Consagración al Espíritu
Santo ha de ser un acto transitorio. Ha de ser un proceso permanente
de conversión y de entrega en la fe viva y en un amor
comprometido, mediante el cual secundemos la acción del
Espíritu para que vaya transformando nuestra existencia
hasta hacer aparecer la figura de Cristo en nuestras vidas y
en las circunstancias familiares, educativas, económicas,
políticas y religiosas de nuestra patria.
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