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SACRISTÍA DE LA CATEDRAL DE MÉXICO

SACRISTÍA DE LA CATEDRAL DE MÉXICO
(DETALLE). |
La sacristía
de la Catedral de México forma paralelo a la sala
capitular, así en sus dimensiones como en su estructura
y aun en su portada. Es ésta, la que comunica la
nave procesional de la Epístola con el interior
del recinto, una de las muestras más puras que ha
dejado en México el arte conocido con el nombre
de herreriano o desornamentado. El gran arco de medio punto
descansa en sobrias pilastras. En su arquivuelta puede
leerse la inscripción que fecha la obra: "SIENDO
COMISARIO EL SEÑOR OIDOR ALONSO VAZQUEZ DE CISNEROS
HIZO ESTA PORTADA Y CERRÓ ESTA SACRISTIA. AÑO
DE 1623". Dentro de este arco se mueve la arquitectura
de la portada: dos pilastras dóricas sostienen un
sobrio entablamiento con un frontón triangular cerrado.
La puerta es un arco de medio punto sobre pilastras más
sobrias, pues que no son estriadas como las otras, sino
presentan simplemente un caserón rehundido. La clave
del arco es una graciosa ménsula. La forma que se
levanta sobre la portada y sostiene el gran arco que la cubre
se halla dividida en tres partes por adornos que forman a
los lados triángulos mixtilíneos y una ventana
en el centro, con su marco sobriamente ornamentado. |
La ventana presenta una reja de hierro forjado y esta reja
pone un toque de austeridad exagerada al estilo ya bien
severo de la portada. Reja de cárcel, colocada en
un lugar por donde nadie podía escapar o penetrar,
viene a ser un factor psicológico que completa el
espíritu del arte que impera en esta estructura:
todo es terrible; hay que huir del ornato, del adorno,
como de la mayor vanagloria o de la trivialidad más
despreciable. Hay que pensar sólo en la rectitud
de la vida que conduce a un paraíso en que vamos
a recibir fríamente la recompensa de nuestras buenas
acciones. Este paraíso, lleno de mármoles
clásicos, a la manera griega, nos ofrece la satisfacción
mayor a que podemos llegar; ser tan austeros y tan puros
como una estatua de piedra; la humanidad se deshumaniza
y el ideal se encuentra tan fuera
de la realidad, que muy pocos fieles apetecieron seguirlo.
Era un ideal impuesto por Su Majestad Felipe II, que
dejó magníficas obras de arte en la tierra
para simbolizarlo, pero que con el tiempo cedió al
espíritu más humano de su pueblo. |

DETALLE DE LA SACRISTÍA. |

SACRISTÍA DE LA CATEDRAL DE MÉXICO
(VISTA HACIA EL NORTE). |
No
menos religioso que él,
pero realista, apegado al mundo en que vivía, surgió despues
ese arte más humano, más tierno, más
posible, porque en él quizás existe la misma
intención del pecado, que se llama el Barroco.
Cuando se abren las finas hojas
de madera entableradas, con delicados relieves en sus
caserones, penetramos a la sacristía y encontramos en ella ese mundo barroco
que viene a ser el espíritu del arte de la Nueva
España.
Las bóvedas de la sacristía
fueron cerradas en 1623. Son semejantes a las de la sala
capitular y en la actualidad sus nervaduras han sido
limpiadas don todo cuidado y doradas como debieron haber
estado en un principio. Obra del último período
del arte gótico, que por algo fué llamado
flamígero o florido, no desentonan con el arte barroco
de la segunda mitad del siglo XVII que adorna la parte
baja de la estancia. |
Grandes
cuadros murales al óleo
cubren el ámbito: se deben a dos pintores que casi
marcaron con su personalidad una época: los fines
del siglo XV y los principios del XVIII. Pintura barroca
que sabe dar a su arte un espíritu diverso, más
de acuerdo con la arquitectura, más sumiso a ella
que la obra de los artistas anteriores, aún de pleno
Renacimiento. Es la suya una pintura decorativa en esencia;
la figura humana se olvida; el paisaje adquiere prestancia,
personalidad. No que sea un paisaje realmente visto; es
todavía un paisaje de gabinete, pero aun así ha
sabido captar los tonos otoñales, azulosos, rojizos,
dorados, que saben entonar a maravilla con los relieves
que lo circundan. Esta pintura mexicana deriva indudablemente
de los artistas sevillanos de su época, de Valdés
Leal sobre todo, pero adquiere tal personalidad aquí,
que indudablemente en toda la Colonia es la más personalmente
mexicana.
Los grandes cuadros son obra de
Juan Correa y Cristóbal de Villalpando, como lo
enseñan sus firmas. Correa pintó "La
Coronación de la Virgen", "La lucha
de San Miguel con el dragón" y "La Entrada
de Jesús a Jerusalén". Villalpando, "La
Inmaculada Concepción" y "El Triunfo
de la Iglesia". |

SACRISTÍA DE LA CATEDRAL DE MÉXICO
(VISTA HACIA EL SUR). |
Las pinturas fueron
hechas por los años
de 1685 y los grandes marcos con ángeles que las
decoran fueron obra del maestro de arquitectura y entallador
Manuel de Velasco. En la parte baja de los muros se ven
cajoneras de madera y algunos cuadros que completan la
ornamentación de la estancia.
Nada mejor que esta sacristía, íntegramente
decorada con pinturas barrocas de tonos otoñales,
enmarcadas por gruesas molduras refulgentes de oro, bajo
bóvedas de añoranza ojival, para trasladarnos
a aquellas épocas de la Colonia en que el arte imperaba
sobre todas las costumbres. La vida es dura, difícil,
cruel; nuestro fin más o menos lejano se halla de
continuo presente en nosotros; pero, por la magnanimidad
de Dios, podemos mejorar en lo posible esta existencia
terrena, atestada de males y de asechanzas. Así,
esta sacristía nos aparece como un lugar en que
la vida es más sabrosa porque el arte nos endulza
la amargura del vivir, ofreciéndonos la incomparable
esperanza de un futuro mejor que ha sabido ya hacerse realidad
en la tierra; vivimos más puros, menos atenaceados,
en semejantes estancias que nos hablan directamente al
espíritu y nos hacen olvidar nuestras penas mandonas.
Para el arte de la Nueva España
es esta sacristía
el relicario donde se encuentra su más depurada
expresión. No del gobierno virreinal, no de la Corona
de España, sino del propio pueblo que se expresaba
por el pincel de sus artistas ya emancipados en lo posible
del arte europeo, para crear ellos mismos un arte más
suyo, español de origen, pero mexicano en la realidad.
De ahí que sea entrañable la sacristía
de la Catedral Metropolitana de México.
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