A estos dos ilustres
españoles debemos la magnífica obra. Si ellos
no hubieran puesto todo su empeño y adelantado el
dinero que era necesario, nada se habría logrado:
el Cabildo de México había desistido de su
proyecto. Efectivamente, en la sesión del 9 de marzo
de 1724 se dice que se habían entregado a don Antonio
Romero, que va a Filipinas, los siete mil pesos; acuerdan
que se reconozca la reja en Manila según el mapa,
pero que si no está hecha ya no se haga y que se
traiga el dinero en dos naos.
Afortunadamente, era tarde: en
el cabildo te 17 de febrero de 1725 se leyó un testimonio autorizado por el
escribano Juan de Sierra y Ossorio en el pueblo del Rosario,
el 7 de julio anterior, en que certifica haber visto veinticinco
cajones con diversas barras gruesas y delgadas que pertenecen
a la reja del coro de la Catedral de México. Estos
veinticinco cajones no contenían sino parte de la
reja: el total era de ciento veinticinco entre cajones
y fardos que habían llegado a Manila desde Macao,
a bordo de un patache, el 28 de junio de 1724.
Una vez la reja en Manila, no anduvieron
nada remisos los comisionados para embarcarla a Nueva
España
y uno de ellos, el capitán Nebra, escribe al Cabildo
y nos ta preciosas noticias: viene por general de la nao
capitana llamada "Nuestra Señora de los Dolores" y
dice "traer dicho rejado perfecto y cumplido, menos
dos pequeñas ojas que al embarcarse cayeron al mar" en
el puerto de Cavite y que no parecieron por mas diligencias
que apuraron, así de bazos como de otros medios. "Dicho
rejado —continúa Nebra —ha costado hasta
ponerle en el puerto de Acapulco cuarenta y seis mill trecientos
y ochenta pesos como consta de la carta (cuenta) adjunta.
Y aunque parece crecida la suma, pero la obra es de tal
primor, que no dudo dará Vuestra Señoría
Ilustrísima por bien empleada dicha cantidad y confío
tendré la suerte de haber servido a Vuestra Señoría
Ilustrísima con el cuidado y empeño que he
puesto en el esmero de dicha obra, que aseguro a Vuestra
Señoría Ilustrísima que es una de
las mejores alajas que pueda tener la Europa, y me digeron
los religiosos que vienen de la China, cómo los
Capitanes de las naos de la Europa que se hallauan en aquel
Reyno hicieron vivas diligencias para comprarle, ofreciendo
aun más alto precio del que ha costado, diciendo
que sólo el metal aún presindiendo de la
hechura, podía ofrecer grandes adelantamientos porque
pesa cuatrocientos y trese quintales de metal Del Príncipe
y blanco de primera, suerte que sólo a fuerza de
empeño y pesos se puede conseguir." Pregunta
a quién la debe entregar en Acapulco, ya que su
conducción a México era muy delicada. El
Cabildo envió por ella al insigne escultor Jerónimo
de Balvás, que, como hemos visto, muchos años
hacía estaba identificado con la obra de nuestro
gran templo.
Por buenas que fueran las razones
del capitán Nebra,
la diferencia entre diez y siete mil pesos que iba a costar
la reja, y cuarenta y seis mil trescientos que costó,
no era cosa de poca monta. El Cabildo ha de haber pegado
un salto. Además, se adeudaba la diferencia que
habían suplido generosamente en Manila y que era
forzoso pagar. Entonces se hizo una información
testimonial en que todos los declarantes están conformes
en que la reja es magnífica, que se suplió el
dinero y que vale un Potosí. Bastantes noticias
complementaria, se encuentran en las declaraciones, pero
la más valiosa es la que nos da el nombre del artífice
asiático, hasta hoy desconocido, que labró esta
preciosidad.
Declaración del capitán don Antonio Correa: "Que
desde el año inmediato pasado que estuvo en dicha
ciudad de Macán oyó decir de muchas personas
fidedignas en ella que el enrejado de diferentes metales
que por mano de dicho Capitán Quiauló Sangley,
se ha fabricado, ha sido una obra pasmosa en estimación
y muy singular aunque se ha conseguido a costa de muchísimos
pesos."
Desde antes, para justificar sus
argumentos, y que les pagasen los muchos dineros que
les debían, escribieron
los mismos capitanes Juan Domingo Nebra y Joseph de Morales
una carta que el Cabildo recibió el año 1725.
En ella dicen: "con ocasión de aver ido a
Macán a consagrarse el señor Obispo auxiliar
de Zebú, vida la obra del rejado y dice que no avía
en la Europa otra más excelente y lo mesmo nos aseguran
los misioneros que la vieron y que de la corte del Emperador
de China bajaron distintos mandarines a verla y quedaron
admirados, caria noticia y el auerla hallado comprobada
con la parte que ha venido nos sirve de particular gusto."
Por más claro que pareciese el proyecto del artista
Nicolás Rodríguez Juárez, los artífices
del Macao no lo entendieron y, así, fué preciso
que un fraile italiano franciscano les explicase en su
propio idioma las características de esta reja.
Fué hecha a todo lujo, pero o los asiáticos
no comprendieron o hubo malevolencia por su parte, pues
cuando llegó a México se vió que la
reja era grande. El artífice colonial que la acortó e
instaló fué Jerónimo de Balbás,
que había ido por ella a Acapulco. Medía
la reja media vara más en ancho y, según
la tradición, con los fragmentos que sobraron al
acortarla, infinidad de personas mandaron hacer sortijas
que por eso se llamaron "tumbagas".
El estreno tuvo lugar el 10 de marzo
de 1730 y el arquitecto Anzorena, en su trabajo citado
antes, nos da una buena descripción de esta obra. Dice así: "La
reja del coro, es de tumbaga y caléis, habiéndose
construido en China en la Ciudad de Macao. Su ancho es
de quince y media varas; su altura en el centro, once y
tres cuartas, y en el resto, ocho y tres cuartas. Se compone
dicha reja de un pedestal de cinco cuartas con sus molduras
respectivas; sobre el pedestal descansa una base ática;
y sobre ella se elevan cuatro pilastras de una cuarta de
ancho, y cuatro varas dos tercios de altura, estando los
dos primeros tercios estriados, y el último hasta
el capitel adornado con caláin en forma de unos
festones con racimos de uvas grabados. Los capiteles son
jónicos, estando dos inmediatos a la puerta y los
otros dos en las extremidades. En el intermedio de estas
pilastras hay otros dos que tienen en su mitad unos globos.
En los intervalos de estas pilastras existen cuarenta y
cuatro balaustres de figura cilíndrica y cónica,
con tocaduras de caláin. La puerta es de medio punto
y bien proporcionada, y tiene doce balaustres iguales a
los de la reja. Sobre la puerta está un cornisamento
compuesto que corona este cuerpo, en el que hay el mismo
número de balaustres que en el primero y seis pilastras
de una vara de altura. En el medio y sobre la cornisa principal,
está un frontón con dos cabezas de serafines,
uno que mira para adentro del coro, y otro para afuera.
Sobre la cornisa de este segundo cuerpo, y en el medio
de su longitud total, se forma el remate con una elipse
de cinco cuartas de altura, adornada con crestería
calada y relieves de caláin; en él, en forma
de medalla está colocada la Asunción de Nuestra
Señora sobre un trono de nubes, acompañada
de ángeles y serafines, y en la parte superior Jesucristo
crucificado; y en los extremos perpendiculares a las dos
pilastras intermedias a las puertas, sobre sus pedestales,
las imágenes del buen y mal ladrón. Lo restante
de los intervalos está dividido en cada lado, en
dos partes iguales con la pilastra intermedia, la cual
remata con un pedestal en que asienta una piña de
caláin, y otros remates piramidales, concluyendo
el todo a ambos lados con unos círculos de campanillas." Llaman
a estos discos de campana "aleluyas" porque se
tocan en las ocasiones en que se canta el "Aleluya."
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