En antigüedad siguen las tres portadas que decoran
la fachada principal. Comencemos por la del centro. Su
historia es complicada. Fué concluida en 1672, durante
el gobierno del virrey marqués de Mancera, pero
esto debe entenderse en lo que se refiere hasta la cornisa
del segundo cuerpo, porque la parte alta fué construida
en época posterior.
Describamos esta magnífica obra de arte del virreinato.
El primer cuerpo consta de dos pares de columnas de orden
toscano que equivale al antigua dórico, coronadas
por su entablamiento completo con triglifos y metopas y
la cornisa sostenida por canecillos. Las columnas forman
resaltos a ambos lados de la estructura y entre ellas se
ven nichos con grandes estatuas de piedra de Villerías,
que representan a los apóstoles San Pedro y San
Pablo. En el segundo se lee claramente la firma de Miguel
Ximénez y la fecha 1687. Es casi seguro que él
mismo fue el autor del gran relieve que ocupa el cuerpo
central de esta portada, que podemos describir así:
sobre la cornisa del primer cuerpo se levanta un ático
con su resaltos correspondientes a las columnas que sirven
de pedestales a otras de orden jónico, cuyo primer
terció está adornado con fajas en forma de
sierra y los otro dos acanalados: los capiteles son jónicos
de balaustre.
En los intercolumnios se ven dos
estatuas que representan diversos santos; el centro se
halla ocupado por un gran alto relieve tallado en la
misma piedra de Villerías;
su asunto es la Asunción de Nuestra Señora,
patrona de la santa iglesia, y la obra está trabajada
con gran sentido artístico no exento de audacia,
como convenía a semejante lugar. El marco que lo
circunda, hecho de cantera suave, recuerda los marcos tallados
y dorados de madera. Sobre este segundo cuerpo se ve igualmente
un entablamiento completo. El friso es convexo, todo cubierto
de finos relieves, como correspondía al estilo barroco
en que está construida la obra. La cornisa corresponde
al mismo estilo jónico. Sobre dicha cornisa, pero
obra ya muy posterior, se desplanta un gran ático
con pilastrillas que prolongan las columnas hacia lo alto
y entre las cuales se ven finos motivos esculpidos en piedra.
Al centro, sobre el gran alto relieve, un medallón
orlado de guirnaldas con el escudo nacional que antes,
naturalmente, era el escudo real de España. Diversos
artífices trabajaron en la obra de este escudo.
Parece ser que era de piedra dorada con guarniciones de
bronce también dorado. A fines del siglo XVIII se
pagan al platero Caamaño mil ochocientos pesos por
dos coronas y dos bandas con sus letreros, todo de bronce
dorado, para las columnas y el Plus Ultra del escudo de
armas. No sabemos si tal escudo existía o fué derribado
cuando se levantó el cuerpo central de la iglesia,
ya en época de Tolsá, para construir el reloj;
sin embargo, las cuentas seguidas indican que se hizo todo
en la misma fecha. Corona el ático de que hemos
hablado un frontón curvilíneo que descansa
en las pilastrillas más exteriores del ático
y en dos fajas que prolongan hacia arriba las otras dos
pilastrillas. Sobre toda esta estructura se levanta el
cubo que sostiene el reloj que se halla coronado por el
gran grupo de las tres Virtudes Teologales, esculpidas
en piedra por el insigne artífice Manuel Tolsá.
Las seis piedras de chiluca de una vara y dos tercios para
estas estatuas costaron mil pesos y las vendió don
Marcos de León. Bastantes dificultades hubo para
traerlas desde la cantera al sitio donde debían
ser labradas y todavía resultó que los oficiales
del escultor Sandoval desbastaron la piedra más
importante con tanta torpeza que la echaron a perder y él
se obligó a traer otra igual a su costa, para la
obra. Tolsá cobró por las tres estatuas cinco
mil quinientos treinta y nueve pesos, más mil quinientos
por la cruz y cáliz para la Fe, el ancla para la
Esperanza y la llama para la Caridad, todo de bronce dorado
a fuego. Su recibo tiene la fecha de 10 de diciembre de
1812. Tolsá, artífice genial que salva con
su sola presencia nuestro paupérrimo arte neoclásico,
elabora tres figuras que bastan a darle nombre a quienquiera.
No son del todo originales: en las viejas esculturas de
piedra que coronan la fachada que ve al norte del Sagrario,
se pueden encontrar sus modelos, pero Tolsá desarrolla
en ellas su genio escultórico que debe su éxito
a beber amalgamado con el espíritu académico
neoclásico, muy Luis XVI, algo del fuego inextinguible
del arte barroco que él había aprendido bien
de aquel incomparable artista barroco, quizás el único
escultor barroco por antonomasia, el Bernini. Así,
esta trilogía, esta unificación de dramas,
de los dramas más acendrados que la humanidad haya
presenciado en sus tres símbolos supremos, la Fe,
la Esperanza y la Caridad, se ven representadas en una
forma más arquitectónica, más que
escultórica, humana, casi divina. Hay que ver de
cerca desde una de las torres tal grupo para darse cuenta
del significado artístico y espiritual que encierran:
el niño que se acurruca a los pies de la Caridad,
con un sentimiento que le hace olvidar su papel de santo
de iglesia, atisba hacia abajo y se estremece ante el peligro
del abismo que se abre a sus pies; así, la matrona
lo socorre no por el frío o el hambre que siente,
sino por el pavor humano que lo invade. La portada ostenta
una gran inscripción votiva en el ático que
corona el primer cuerpo, que dice así:
"D. O. M. SS.mx Q. V. L. MARIAE
IN CIELOS ASSUMPTAE.
Car.o II Hisp.um Rex & Reg.a. Gen.ix. D. Mariana Tut.x & Regn.um
Gouer.ix Regioque nomine. D. Ant.o || Sebast.o. Toledo
Marchio de Macera. Nou.x. Hispa.x Prorex. hoc fidei testim.um
a. Car.o Io. Inuic—|| to Imp.re. V. cu. Cathol.ca
Relig.e in hoc Nouo Orbe fundatum &. a. trib.o Pijs
Successorib.o Philip || pis Reg.o expensis extructum in
reuerentix & gratit.a monumentu. D. O. C. Anno 1672.
|| Non fecit taliter omni Nationi.—Psalm; 147."
A los lados de esta portada principal
y separadas de ella por grandes contrafuertes que se
unen al cuerpo del edificio por medio de ménsulas invertidas, aparecen otras
dos magníficas portadas cuya descripción
puede sintetizarse así: el primer cuerpo es del
mismo estilo dórico, o sea toscano, que la principal,
con su entablamiento completo, pero a un nivel más
bajo que el de la portada central. El arco igualmente de
medio punto, con graciosa clave en su centro. Sobre la
cornisa un ático con los resaltos correspondientes
al cuerpo bajo que marca el entablamiento de las columnas.
Sobre ese ático se ven, a los extremos, correspondiendo
a las columnas inferiores, dos pares de columnas salomónicas
de grueso relieve, enrollado su fuste con ornatos entre
los salientes. Los capitales son corintios y corona todo
un entablamiento completo, más sobrio que el de
la portada central. Al centro, en marcos que imitan obra
de ensambladura, se ven dos altos relieves, en piedra de
Villerías, que representan, uno el momento en que
Jesús entrega las llaves de la Iglesia a San Pedro,
y el otro, de bellísima inspiración, la nave
de la Iglesia.
Hasta esta cornisa que corona los
cuerpos descritos, se había terminado la obra en el siglo XVII. A fines
del siglo XVIII, cuando se concluyó d edificio,
se agregaron los remates que pueden verse aún y
que constan fundamentalmente de un escudo pontificio en
un medallón orlado por guirnaldas y macetones a
cada lado del escudo, a cuya vera se ven niños esculpidos
en piedra. Estos niños son obra del escultor Ignacio
Sandoval, que cobró por cada uno cien pesos según
recibo firmado el 31 de diciembre de 1790.
Es sin duda por tal diferencia de
fechas entre las dos construcciones, por lo que se puede
notar la diversidad entre ambas obras: a un barroco mesurado
de la parte baja, corresponde arriba una concepción mucho más
ornamentada; desde luego se ha roto la escala: esos niños
traviesos que están jugando al lado de los macetones,
nada tienen que ver con las figuras hieráticas,
proporcionalmente más pequeñas, que se ven
en la parte baja. Fué Ortiz de Castro el autor de
dichos remates, como puede verse en su proyecto, y la realización
parece haber sido perfecta. El espectador se siente conminado
por varias tendencias: desde el punto de vista crítico,
indudablemente es un error haber agregado motivos que disuenan
con la estructura solemne de la parte baja. Desde un punto
de vista más humano, en que el arte olvida sus togas
doctorales y se dirige al espíritu en forma directa,
este sentido más realista, más pintoresco,
nos conmueve y nos agrada. ¡Qué mucho que
la fachada del templo haya perdido en homogeneidad lo que
ha logrado en sabor humano, en vitalidad, en espíritu!
Los que antes censuramos tales discordancias, no podemos
menos de, reconociéndolas, tolerarlas en una comprensión
más amplia y más magnánima de la crítica.
La portada que mira al lado del
poniente fué concluída
el 5 de agosto de 1688, gobernando la Nueva España
el virrey conde de la Monclova. Se conoce que sufrió algún
menoscabo al correr de los años, para según
la inscripción que reproducimos, fué reedificada
en 1804.
Es esta portada del templo catedralicio
una buena muestra del arte barroco sobrio. Se compone
de tres cuerpos y un remate. El primero consta de dos
pares de columnas dóricas,
léase toscano, con su entablamiento íntegro.
Entre cada par de columnas se ven nichos con estatuas de
mármol que representan diversos santos. El segundo
cuerpo se halla formado primeramente por un ático
en cuyo centro se lee la incripción conmemorativa
que a seguidas reproducimos:
"REYNANDO EN ESPAÑA Y EN ESTE NUEVO MUNDO
EL CATOLICO CARLOS 2o. Y SIENDO VIRREY DE ESTA NUEVA ESPAÑA
DON MELCHOR PORTOCARERO LAZO DE LA BEGA, CONDE DE LA MONCLOVA,
SE FENESIO ESTA REAL Y ESPECIOSA PORTADA EN 5 DE AGOSTO
DE 1688 AÑOS. Y SE REEDIFICO EN 1804."
Sobre el ático se desplantan cuatro columnas jónicas
que corresponden a las inferiores. En los intercolumnios,
ventanas alargadas con remate trapecial y al centro una
más amplia con remate escarzano y su marco ornamentado
con discretos relieves en piedra. Lo mismo que un pequeño
antepecho que descansa sobre el ático. Sobre la
cornisa del entablamiento jónico del segundo cuerpo
hay otro ático más pequeño, con
sus resaltos proporcionados. El tercer cuerpo no ofrece
sino dos columnas salomónicas con ornatos en relieve
en las entalladuras de su curva y con capiteles corintios,
como corresponde al sitio en que están colocadas.
A los lados de las columnas dos nichos con otras dos esculturas
de santos, en piedra de Villería. Al centro una
gran ventana circular con su perímetro ornamentado
con relieves en piedra y circunscrita toda ella en un marco
rectangular. Esta disposición parece improvisada
y no causa buen efecto. El entablamiento del tercer cuerpo
se prolonga a ambos lados del frontón roto que constituye
el remate, para cobijar las estatuas que se ven a los lados.
El remate se halla constituido por el frontón roto
de que hemos hablado, que esta apoyado en un muro de bellas
curvas laterales terminado por un cornisuelo curvilíneo
rematado por una cruz. El espacio libre que se ve entre
las cornisas que forman el frontón estuvo ocupado
por un gran escudo con las armas reales de España.
En la actualidad se ve desnudo, con gran mengua de la composición
arquitectónica de la portada.
Por el lado del poniente del templo
se ve otra portada, semejante a la anterior en un todo.
La inscripción
que ostenta en un medallón ovalado dice así:
"REYN.do EN ESPa.
Y EN ESte Nuevo Mudo. el Catho. Carlos II y siedo virrey,
desta Na. Espa D. Melchor Portocarrero Laz.o de la Vega
Code de la Mocloua se dio principio a esta Real y Especiosa
Portada en beinte y siete de Agosto de 1688 años
se acauo 8 de Octubre de 1689 años
gou.do el Ex.mo Sr. D. Gaspar de Silva Code de Galu.e"
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