EL Arte
Gótico
El más antiguo de los estilos que
encontramos en la Catedral es el llamado "Gótico",
término acuñado por los humanistas del Renacimiento
para despreciar el "arte de los Godos", hoy los
franceses, y a pesar de los esfuerzos por cambiar el término, éste
quedó ya en la memoria de los siglos.
El arte gótico se suele dividir
en tres etapas que abarcan del siglo XI hasta finales
del siglo XV.
Del primer período llamado "gótico
primitivo" tenemos como ejemplo la Catedral de Notre
Dame en París (a. 1163); del segundo que es llamado "gótico
pleno" tenemos como ejemplo la Catedral de Chartres
(a. 1250), y del tercer período, llamado "gótico
tardío" tenemos como ejemplo la Capilla Real
en el Colegio de Cambridge (a. 1515).
Como características propias del arte gótico,
tenemos la utilización de la forma ojival (en forma
de hoja); las nervaduras en las bóvedas y columnas
y el uso de los rosetones (vitrales circulares multicolores).
El gótico, como todo arte, refleja los valores
del espíritu de la época, así, en
la Edad Media privaba una espiritualidad dirigida "hacia
arriba", es decir, hacia la altura donde se encuentra
Dios, de ahí que el hombre debía "mirar
a las alturas" más que a las realidades de
la tierra, de aquí las naves altísimas, las
ojivas de arcos, naves y vitrales que terminan en punta,
y que invitaban a dirigirse hacia lo alto, donde se encontraban
los verdaderos valores.
El interior de las catedrales góticas eran más
bien obscuras, como invitando a la meditación, a
la oración, y a la interioridad.
El gótico va desapareciendo hacia el siglo XV,
y sin embargo, la portentosa creatividad del hombre gótico,
aún hoy causa una profunda admiración, que
ciertamente influyó no sólo en Francia, sino
en toda Europa, incluyendo a España, por donde nos
llega el arte Gótico.
Cuando se inició la construcción de la Catedral
de México, el gótico estaba ya en sus últimas
etapas, dando el paso a nuevas y distintas concepciones
arquitectónicas y artísticas en general,
sin embargo, la Catedral tiene también alguna pincelada
del gótico como las dos maravillosas bóvedas
de la Sacristía que llevan las nervaduras y terceletes
propios del gótico, lo mismo dígase de las
bóvedas que cubren la Sala Capitular, gemela de
la Sacristía y que forman, junto con el ábside
del hoy Altar de los Reyes, las construcciones catedralicias
más antiguas, aunque no existen los rosetones.
El Arte Herreriario
El siguiente de los estilos arquitectónicos que
encontramos en la Catedral es el llamado Herreriano que,
aunque no es el inmediato seguidor del Gótico, pues
a éste le sigue el Manierismo del que no tiene
la Catedral ningún ejemplo, porque había
ya terminado su época cuando se inicia la construcción
del edificio catedralicio.
El herreriano es un estilo llamado
así por el arquitecto
Juan de Herrera a quien se le debe este estilo cuyo mejor
ejemplo es el Escorial (a. 1584) y cuyo trabajo estuvo
a las órdenes del Rey Felipe II (1552-1584), estilo
que fue promovido en la América Española.
El herreriano tiene como características muy propias:
su monumentalidad, su sobriedad, su elegancia clásica
y su estilo severo y amplio. Como el gótico, también
el herreriano es provocado por la espiritualidad de su época
que lleva la idea de una Iglesia sólidamente cimentada,
de fortaleza y de grandeza, pero al mismo tiempo de gran
sobriedad, por lo que se eliminan los lujos y los adornos.
Bajo estos conceptos, el herreriano
va a utilizar grandes espacios, cuyos muros largos, sólidos y altos, sólo
se ven interrumpidos por los cuadrados ventanales, con
enrejado, que iluminan el interior, por esto, en este estilo
no se utilizan los vitrales multicolores.
La idea queda perfectamente expresada
por los elementos que componen este tipo arquitectónico. Siendo por
consiguiente el herreriano el estilo que es propio de España
y promovido por el mismo Rey Felipe II, nada extraño
que pasara su influjo a las Colonias españolas,
y así, nuestra Catedral tiene el herreriano en gran
medida.
En efecto, los grandes espacios
de los muros laterales, tanto de oriente como de poniente
y también los
muros del ábside, interrumpidos por los cuadrados
ventanales que iluminan el interior de las Capillas, dan
una monumentalidad imponente vista desde el exterior. Y
en el interior, tanto la Sacristía como la Sala
Capitular, son ejemplo claro del rigor herreriano con una
severidad tal, que posteriormente se cubrieron sus muros
con grandes pinturas y retablos.
El Arte Barroco
Entre el último estadio gótico, a finales
del siglo XV y el principio del barroco a finales del siglo
XVI, hubo un período que produjo el Manierismo en
la primera parte del siglo XVI en Italia.
El manierismo fue un movimiento
estético que reflejó la
crisis en el arte que apareció en este período
y se caracteriza por ser un arte turbulento, lleno de contradicciones,
raro y exagerado con angustiosas visiones de pesadilla
y hasta diabólico, por lo que es difícil
definirlo con precisión.
La arquitectura no recibió tanto influjo como la
pintura y la escultura, por lo que no tenemos propiamente
ejemplos de este estilo. Como reacción al manierismo
surge una nueva forma artística que recibe el nombre
de Barroco, término de origen en verdad incierto,
pues algunos lo hacen derivar del término italiano "baroco" que
es el nombre de un silogismo medieval y otros del idioma
portugués "barroco" que en joyería
significa una perla irregular por lo que será hasta
el siglo XIX cuando se le de una definición más
precisa.
El barroco dominó en términos generales,
desde finales del siglo XVI hasta mediados del siglo XVIII
y se pueden considerar tres etapas bien definidas: el barroco
primitivo, el barroco pleno y el barroco tardío.
El barroco tiene como mística la exuberancia en
todos los ordenes artísticos.
El siglo XVI fue uno de los tiempos
más prolíficos
por ser un siglo de paso, de transición. Se da una
extraordinaria efervescencia en lo político, en
lo económico, en lo social, en lo artístico
y unido a esto, el descubrimiento del Nuevo Mundo, transforma
las relaciones internacionales, así el arte barroco
es el reflejo de este estado de ánimo generalizado.
En lo religioso, los grandes cambios
que vinieron de la Reforma Protestante y la reacción de la Iglesia
Católica, dio como resultado un cambio en todas
las artes en donde se manifestó el barroco como
lo exuberante de la fe, y el esplendor del culto católico
en la arquitectura, la escultura, la pintura, la literatura
e incluso, la música, reacción barroca que
aparece generalizada en todas las zonas católicas,
de frente al puritanismo y la exagerada sobriedad de los
protestantes.
Así, la mística del barroco subraya el optimismo,
la vitalidad y el triunfo de la fe católica en sus
esplendentes adornos, ornamentaciones y, en ese tiempo,
audaces concepciones artísticas. Por otra parte,
el barroco unifica tres de las grandes artes: la arquitectura,
la escultura y la pintura, de modo que lo más importante
en el barroco no es el detalle, sino la visión de
conjunto, que aún hoy, hace maravillar a quien contempla
la maestría de este estilo.
En México, como en toda América Latina,
la audaz inventiva de los arquitectos españoles
unida a la profunda visión artística de los
naturales, dieron nuevas y sorprendentes visiones al barroco,
sobre todo durante el siglo XVIII, precisamente cuando
en Europa el barroco se iba extinguiendo poco a poco, degenerando
en la exageración del rococó, o, como en
otros casos, asumiéndose al estilo neoclásico.
Del esplendor del barroco en sus
diversas etapas, la Catedral Metropolitana de México es uno de sus más
claros ejemplos, pues efectivamente, durante el desarrollo
del barroco quedan bajo su influjo desde el incipiente
barroco de las portadas del frente, del oriente y del poniente
hasta llegar a su máxima expresión en el
interior de las Capillas con sus extraordinarios retablos,
principalmente el Altar de los Reyes y la Capilla de los Ángeles,
por citar algunas, que veremos con más detalle en
las fichas siguientes.
EL Arte Neoclásico
El barroco en su última etapa, fue asumiéndose
en otros estilos, entre ellos el Neoclásico. Éste
es un movimiento artístico que nació en Europa
hacia la segunda mitad del siglo XVIII (1750) y dura hasta
el final del siglo XIX. En realidad se trató de
una reacción al exagerado estilo del rococó,
heredero del barroco, por una parte, y por otra parte,
fue resultado del descubrimiento en esa época, de
dos ciudades grecorromanas: Pompeya y Herculano, en Italia,
cuyo arte influyó de modo preponderante en ese tiempo.
Como característica fundamental, el neoclásico
buscó imitar los modelos arquitectónicos
grecorromanos, de modo principal el arte dórico.
Su mística se basa en un sentido romántico
de los valores clásicos y de una espiritualidad
volcada hacia la añoranza de los tiempos heroicos
griegos.
El Romanticismo fue la característica principal
de la literatura y de la música en el siglo XIX,
y pasó a influir también en las artes como
la pintura la escultura y la arquitectura. Este estilo
es un arte más bien simbólico que creativo.
En el ámbito de la arquitectura, el arte neoclásico
hizo su aparición en la España de Carlos
III (1760-1788) y sus mejores ejemplos fueron la Puerta
de Alcalá y el extraordinario edificio que alberga
el Museo del Prado, en Madrid.
En los Países Latinoamericanos el Neoclásico
se volcó más bien en monumentos dóricos
y duró hasta el siglo XX. La Catedral de México,
no se sustrajo al influjo del neoclasicismo, y si bien
no aparece de un modo significativo en el exterior de la
Catedral, dado que la mayor parte de la edificación
había sido concluida, si aparece en algunos cambios
que se realizaron en el interior de las Capillas, y en
algunas de ellas, donde hubo retablos barrocos, se reconstruyeron,
según los cánones imperantes de la época
y es precisamente el neoclásico el estilo reinante,
así, los altares tallados en cantera de las Capillas
de Nuestra Señora de los Dolores y la Capilla del
Sr. del Buen Despacho, en el lado poniente, y en el lado
oriente, las Capillas de Santa María la Antigua
y de Nuestra Señora de Guadalupe, son ejemplo del
influjo neoclásico.
En conclusión, si alguno quisiera conocer los diversos
estilos arquitectónicos más importantes que
se dieron en el lapso de los siglos XVI, XVII, XVIII, y
XIX, nada mejor que tomar como guía y ejemplo la
Catedral de México, porque todos ellos quedaron
plasmados en su edificación cuando cada uno de los
Maestros Mayores que la construyeron, fieles a sus épocas,
unificaron, de modo maravilloso, lo que ya existía,
con las novedades del arte en los tiempos que les correspondió vivir.
Nada hay en la Catedral que no haya quedado asumido en
un todo, aunque pueda distinguirse los distintos estilos
que la forjaron. |