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ESTILOS ARTÍSTICOS DE LA CATEDRAL DE MÉXICO

Es impresionante el hecho de que la Catedral de México sea una auténtica escuela de las diversas corrientes artísticas que se fueron dando durante cuatro siglos, y que quedaron plasmadas tanto en su interior como en su exterior, dado que mientras era construida, se desarrollaban las diversas tendencias, movimientos y escuelas de arte en el ámbito de la arquitectura, de la pintura, de la escultura, etc. que de acuerdo con los diversos constructores, influían en su edificación.

 

RAFAEL JIMENO Y PLANES, "ASUNCIÓN DE LA VIRGEN". PINTURA AL TEMPLE EN EL INTERIOR DE LA CÚPULA (DETALLE).


MARIANO ZEA, "CRISTO EXPIRANDO". TESORO DE LA CATEDRAL DE MÉXICO (EN EL ORIGINAL LA CABEZA MIDE OCHO CENTÍMETROS).

Así, hablamos de 400 años de cultura artística utilizando todo tipo de material, como madera, metal, tezontle, piedra, mármol, estuco, y sobre todo cantera que es el material más extendido de la Catedral, en esta forma hablamos desde el arte gótico, a finales del siglo XV hasta el neoclásico del siglo XIX tanto en su construcción como en sus retablos, esculturas, columnas, repisas, balaustradas, bóvedas, y podemos afirmar que nuestra Catedral tiene todos los estilos que nacieron, crecieron, maduraron y finalmente desaparecieron durante su construcción y que lógicamente influyeron en su fábrica, los únicos estilos que no se encuentran son los últimos, llamados genéricamente "modernos" o "modernistas" y sobre todo los "postmodernistas", pensando en que la Catedral termina su edificación hacia el año 1813.

 


EL Arte Gótico

El más antiguo de los estilos que encontramos en la Catedral es el llamado "Gótico", término acuñado por los humanistas del Renacimiento para despreciar el "arte de los Godos", hoy los franceses, y a pesar de los esfuerzos por cambiar el término, éste quedó ya en la memoria de los siglos.

El arte gótico se suele dividir en tres etapas que abarcan del siglo XI hasta finales del siglo XV.

Del primer período llamado "gótico primitivo" tenemos como ejemplo la Catedral de Notre Dame en París (a. 1163); del segundo que es llamado "gótico pleno" tenemos como ejemplo la Catedral de Chartres (a. 1250), y del tercer período, llamado "gótico tardío" tenemos como ejemplo la Capilla Real en el Colegio de Cambridge (a. 1515).

Como características propias del arte gótico, tenemos la utilización de la forma ojival (en forma de hoja); las nervaduras en las bóvedas y columnas y el uso de los rosetones (vitrales circulares multicolores).

El gótico, como todo arte, refleja los valores del espíritu de la época, así, en la Edad Media privaba una espiritualidad dirigida "hacia arriba", es decir, hacia la altura donde se encuentra Dios, de ahí que el hombre debía "mirar a las alturas" más que a las realidades de la tierra, de aquí las naves altísimas, las ojivas de arcos, naves y vitrales que terminan en punta, y que invitaban a dirigirse hacia lo alto, donde se encontraban los verdaderos valores.

El interior de las catedrales góticas eran más bien obscuras, como invitando a la meditación, a la oración, y a la interioridad.

El gótico va desapareciendo hacia el siglo XV, y sin embargo, la portentosa creatividad del hombre gótico, aún hoy causa una profunda admiración, que ciertamente influyó no sólo en Francia, sino en toda Europa, incluyendo a España, por donde nos llega el arte Gótico.

Cuando se inició la construcción de la Catedral de México, el gótico estaba ya en sus últimas etapas, dando el paso a nuevas y distintas concepciones arquitectónicas y artísticas en general, sin embargo, la Catedral tiene también alguna pincelada del gótico como las dos maravillosas bóvedas de la Sacristía que llevan las nervaduras y terceletes propios del gótico, lo mismo dígase de las bóvedas que cubren la Sala Capitular, gemela de la Sacristía y que forman, junto con el ábside del hoy Altar de los Reyes, las construcciones catedralicias más antiguas, aunque no existen los rosetones.

El Arte Herreriario

El siguiente de los estilos arquitectónicos que encontramos en la Catedral es el llamado Herreriano que, aunque no es el inmediato seguidor del Gótico, pues a éste le sigue el Manierismo del que no tiene la Catedral ningún ejemplo, porque había ya terminado su época cuando se inicia la construcción del edificio catedralicio.

El herreriano es un estilo llamado así por el arquitecto Juan de Herrera a quien se le debe este estilo cuyo mejor ejemplo es el Escorial (a. 1584) y cuyo trabajo estuvo a las órdenes del Rey Felipe II (1552-1584), estilo que fue promovido en la América Española.

El herreriano tiene como características muy propias: su monumentalidad, su sobriedad, su elegancia clásica y su estilo severo y amplio. Como el gótico, también el herreriano es provocado por la espiritualidad de su época que lleva la idea de una Iglesia sólidamente cimentada, de fortaleza y de grandeza, pero al mismo tiempo de gran sobriedad, por lo que se eliminan los lujos y los adornos.

Bajo estos conceptos, el herreriano va a utilizar grandes espacios, cuyos muros largos, sólidos y altos, sólo se ven interrumpidos por los cuadrados ventanales, con enrejado, que iluminan el interior, por esto, en este estilo no se utilizan los vitrales multicolores.

La idea queda perfectamente expresada por los elementos que componen este tipo arquitectónico. Siendo por consiguiente el herreriano el estilo que es propio de España y promovido por el mismo Rey Felipe II, nada extraño que pasara su influjo a las Colonias españolas, y así, nuestra Catedral tiene el herreriano en gran medida.

En efecto, los grandes espacios de los muros laterales, tanto de oriente como de poniente y también los muros del ábside, interrumpidos por los cuadrados ventanales que iluminan el interior de las Capillas, dan una monumentalidad imponente vista desde el exterior. Y en el interior, tanto la Sacristía como la Sala Capitular, son ejemplo claro del rigor herreriano con una severidad tal, que posteriormente se cubrieron sus muros con grandes pinturas y retablos.

El Arte Barroco

Entre el último estadio gótico, a finales del siglo XV y el principio del barroco a finales del siglo XVI, hubo un período que produjo el Manierismo en la primera parte del siglo XVI en Italia.

El manierismo fue un movimiento estético que reflejó la crisis en el arte que apareció en este período y se caracteriza por ser un arte turbulento, lleno de contradicciones, raro y exagerado con angustiosas visiones de pesadilla y hasta diabólico, por lo que es difícil definirlo con precisión.

La arquitectura no recibió tanto influjo como la pintura y la escultura, por lo que no tenemos propiamente ejemplos de este estilo. Como reacción al manierismo surge una nueva forma artística que recibe el nombre de Barroco, término de origen en verdad incierto, pues algunos lo hacen derivar del término italiano "baroco" que es el nombre de un silogismo medieval y otros del idioma portugués "barroco" que en joyería significa una perla irregular por lo que será hasta el siglo XIX cuando se le de una definición más precisa.

El barroco dominó en términos generales, desde finales del siglo XVI hasta mediados del siglo XVIII y se pueden considerar tres etapas bien definidas: el barroco primitivo, el barroco pleno y el barroco tardío. El barroco tiene como mística la exuberancia en todos los ordenes artísticos.

El siglo XVI fue uno de los tiempos más prolíficos por ser un siglo de paso, de transición. Se da una extraordinaria efervescencia en lo político, en lo económico, en lo social, en lo artístico y unido a esto, el descubrimiento del Nuevo Mundo, transforma las relaciones internacionales, así el arte barroco es el reflejo de este estado de ánimo generalizado.

En lo religioso, los grandes cambios que vinieron de la Reforma Protestante y la reacción de la Iglesia Católica, dio como resultado un cambio en todas las artes en donde se manifestó el barroco como lo exuberante de la fe, y el esplendor del culto católico en la arquitectura, la escultura, la pintura, la literatura e incluso, la música, reacción barroca que aparece generalizada en todas las zonas católicas, de frente al puritanismo y la exagerada sobriedad de los protestantes.

Así, la mística del barroco subraya el optimismo, la vitalidad y el triunfo de la fe católica en sus esplendentes adornos, ornamentaciones y, en ese tiempo, audaces concepciones artísticas. Por otra parte, el barroco unifica tres de las grandes artes: la arquitectura, la escultura y la pintura, de modo que lo más importante en el barroco no es el detalle, sino la visión de conjunto, que aún hoy, hace maravillar a quien contempla la maestría de este estilo.

En México, como en toda América Latina, la audaz inventiva de los arquitectos españoles unida a la profunda visión artística de los naturales, dieron nuevas y sorprendentes visiones al barroco, sobre todo durante el siglo XVIII, precisamente cuando en Europa el barroco se iba extinguiendo poco a poco, degenerando en la exageración del rococó, o, como en otros casos, asumiéndose al estilo neoclásico.

Del esplendor del barroco en sus diversas etapas, la Catedral Metropolitana de México es uno de sus más claros ejemplos, pues efectivamente, durante el desarrollo del barroco quedan bajo su influjo desde el incipiente barroco de las portadas del frente, del oriente y del poniente hasta llegar a su máxima expresión en el interior de las Capillas con sus extraordinarios retablos, principalmente el Altar de los Reyes y la Capilla de los Ángeles, por citar algunas, que veremos con más detalle en las fichas siguientes.

EL Arte Neoclásico

El barroco en su última etapa, fue asumiéndose en otros estilos, entre ellos el Neoclásico. Éste es un movimiento artístico que nació en Europa hacia la segunda mitad del siglo XVIII (1750) y dura hasta el final del siglo XIX. En realidad se trató de una reacción al exagerado estilo del rococó, heredero del barroco, por una parte, y por otra parte, fue resultado del descubrimiento en esa época, de dos ciudades grecorromanas: Pompeya y Herculano, en Italia, cuyo arte influyó de modo preponderante en ese tiempo.

Como característica fundamental, el neoclásico buscó imitar los modelos arquitectónicos grecorromanos, de modo principal el arte dórico. Su mística se basa en un sentido romántico de los valores clásicos y de una espiritualidad volcada hacia la añoranza de los tiempos heroicos griegos.

El Romanticismo fue la característica principal de la literatura y de la música en el siglo XIX, y pasó a influir también en las artes como la pintura la escultura y la arquitectura. Este estilo es un arte más bien simbólico que creativo.

En el ámbito de la arquitectura, el arte neoclásico hizo su aparición en la España de Carlos III (1760-1788) y sus mejores ejemplos fueron la Puerta de Alcalá y el extraordinario edificio que alberga el Museo del Prado, en Madrid.

En los Países Latinoamericanos el Neoclásico se volcó más bien en monumentos dóricos y duró hasta el siglo XX. La Catedral de México, no se sustrajo al influjo del neoclasicismo, y si bien no aparece de un modo significativo en el exterior de la Catedral, dado que la mayor parte de la edificación había sido concluida, si aparece en algunos cambios que se realizaron en el interior de las Capillas, y en algunas de ellas, donde hubo retablos barrocos, se reconstruyeron, según los cánones imperantes de la época y es precisamente el neoclásico el estilo reinante, así, los altares tallados en cantera de las Capillas de Nuestra Señora de los Dolores y la Capilla del Sr. del Buen Despacho, en el lado poniente, y en el lado oriente, las Capillas de Santa María la Antigua y de Nuestra Señora de Guadalupe, son ejemplo del influjo neoclásico.

En conclusión, si alguno quisiera conocer los diversos estilos arquitectónicos más importantes que se dieron en el lapso de los siglos XVI, XVII, XVIII, y XIX, nada mejor que tomar como guía y ejemplo la Catedral de México, porque todos ellos quedaron plasmados en su edificación cuando cada uno de los Maestros Mayores que la construyeron, fieles a sus épocas, unificaron, de modo maravilloso, lo que ya existía, con las novedades del arte en los tiempos que les correspondió vivir.

Nada hay en la Catedral que no haya quedado asumido en un todo, aunque pueda distinguirse los distintos estilos que la forjaron.


 

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