CAPILLA DEL SANTO CRISTO O
DE LAS RELIQUIAS |

CAPILLA DE LAS RELIQUIAS. UNO DE LOS ALTARES
PRIMITIVOS AL QUE SE HA SUPERPUESTO UN RETABLO BARROCO. |
Es la primera capilla después de
la sacristía en la nave del lado de la Epístola;
su bóveda estaba cerrada ya en 1615. Su primer nombre
se debe a un gran crucifijo de madera tallada que, según
se dice regalo el emperador Carlos V a la iglesia de México,
junto con otros cuatro a otros templos. Este Cristo ha
recibido tradicionalmente el nombre de Cristo de los
Conquistadores.
La capilla se destinó para conservar el gran
número de reliquias que poseía y posee
la Catedral. En el retablo principal se organizaron nichos
con pequeñas puertas en que se encontraban, en
relicarios magníficos, restos de santos
y santas que habían sido obtenidos para el templo
metropolitano de México. Por eso se llama también
Capilla de las Reliquias. Los pequeños cuadros
que cubren cada una de las puertas de los nichos están
firmados en 1698 por Juan de Herrera, a quien equivocadamente
llaman Couto y todos los autores que le han seguido "El
Divino."
Esta designación se aplicó a Alonso
López de Herrera, que floreció a principios
del siglo XVII y la tuvo bien merecida; Juan de Herrera florece
a fines de la misma centuria y su trabajo es acreedor únicamente
al dictado de "estimable." |
La
lista de las reliquias conservadas en esta capilla es muy
copiosa. Las más importantes
son: un gran trozo del Lígnum Crucis que
es parte del que el Papa había donado a fray Diego
Salamanca para el convento de San Agustín en 1573
y que él
generosamente compartió con la Catedral; "los
cuerpos de San Primitivo, Santa Hilaria, otro regalado
por el señor Posada en una urna, cubierto con cera
y vestido lujosamente. Gran parte de los cuerpos de San
Anastasio, San Gelasio y San Vito; dos cráneos de
las once mil vírgenes." Aparte de lo anterior,
numerosas reliquias de santos.
Muchas de estas preseas
se encontraban en relicarios que constituían verdaderas
alhajas de orfebrería, los cuales en tiempo de la
desamortización fueron retirados de la capilla para
ser vendidos, en tanto que las reliquias se conservaron
en forma más modesta. |

EL CRISTO DE LOS CONQUISTADORES. |

"SAGRADA FAMILIA" EN MARFIL. TESORO
DE LA CATEDRAL DE MÉXICO. |
Verdaderas
reliquias para México, aunque de personas
no canonizadas, que se conservan en dicha capilla, son
los restos de los venerables varones Gregorio López
y Juan González. El primero, bien conocido en los
anales de nuestra historia, pero cuyo enigma no ha podido
ser aún aclarado, aparece como uno de los personajes
más importantes de nuestro siglo XVI. Se supone
que estaba emparentado con Felipe II, cosa presumible dado
el respeto y consideraciones de que siempre gozó en
la Nueva España. Procuró siempre hacer vida
eremítica; en un principio, en el hospital que había
fundado Bernardino Alvarez, en Oaxtepec. Allí no
hizo únicamente vida contemplativa, sino que desarrolló todas
sus facultades científicas y escribió un
tratado de medicina, estudiando las virtudes curativas
de las plantas en aquel maravilloso vergel. Más
tarde se trasladó al hospital que había fundado
en Santa Fe, el no menos ilustre varón don Vasco
de Quiroga. Allí pasó el resto de sus días
y se le iban a consultar, por encumbrados personajes del
virreinato, los más difíciles problemas del
gobierno de la Colonia. |
Su fiel
amigo y biógrafo, el bachiller Francisco Losa, trajo
sus restos al convento de Santa Teresa la antigua, de
donde había sido nombrado
capellán en 1616. El arzobispo don Juan Pérez
de la Serna los trasladó a la Catedral vieja y
en tiempo del señor Manso y Zúñiga
fueron enterrados en esta capilla. El doctor Juan González
fué capellán del primer obispo y arzobispo,
señor Zumárraga; más tarde tuvo
la plaza de racionero en la Catedral. Pero sentía
un incontenible afán por la vida contemplativa
y solitaria, a que se añadía una inclinación
especial hacia los indios, por lo cual se retiró a
la ermita de la Visitación que más tarde
fué convento de dominicanos, llamado Nuestra Señora
de la Piedad, de donde asistía al coro catedralicio
haciendo el recorrido a pie diariamente. Más tarde
renunció a su cargo y se retiró por completo
a su vida de ermitaño. Para hacerla todavía
más intensa, se trasladó al pequeño
pueblo de Santa Isabel Tola, cerca del santuario de Guadalupe.
Murió en México el 5 de enero de 1590,
cuando cumplía noventa años de edad. Su
cadáver fué sepultado en la catedral vieja
y más tarde sus restos trasladados a esta capilla.
Conserva la capilla que estudiamos
más obras de
arte dignas de ser mencionadas: un gran cuadro de medio
punto con una pintura que representa "La Crucifixión" y
se encuentra firmado por Joseph Villegas, pintor muy estimable
del siglo XVII. Una imagen de la Guadalupana firmada por
José de Ibarra en 1737, en cuyo reverso aparece
Juan Diego en el momento de desenvolver la tilma. El cuadro
era propiedad de los Señores Torres y ostentaba
su marco de plata. Joya de esta capilla es un pequeño
relieve en marfil que representa una "Sagrada Familia" y
se halla incrustado en un pequeño nicho cubierto
por un cristal. Existen algunas otras pinturas de menor
importancia artística pero dignas de ser estimadas
como joyas que contribuyen a la riqueza del gran templo. |
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