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CAPILLA DE LA SOLEDAD

Su bóveda fué concluida entre 1653 y 1660. Guijo dice que fué abierta al culto con el título de la soledad, el día 15 de Agosto de 1657, y que fué dedicada al culto de los albañiles y obreros de la Catedral. Marroquí añade que por eso colocaron en ella una cruz de madera, la misma que sirve a los albañiles para su celebración el día 3 de mayo, cruz que duró en al capilla hasta el año 1874. La construcción de tal capilla se debió en gran parte a la actividad de don Fernando Altamirano, que fué trece años mayordomo de la obra de la Catedral y que con tal cargo procuró fomentar la piedad de los obreros en la misma capilla. Este hombre activo, a quien tanto debe la construcción de nuestro templo, falleció el 4 de noviembre de 1664 y fué enterrado en esta capilla, que entones se llamaba de los Obreros. El sepulcro de don Fernando Altamirano inicia la serie de los que más tarde fueron enterrados en ella.

TESORO DE LA CATEDRAL DE MÉXICO. ORNAMENTOS BORDADOS EN PUEBLA, SIGLO XVIII (DETALLE).


Siguieron los mismos obreros de la Catedral con el cargo de la capilla y así se hicieron dos altares colaterales. En el del lado de la Epístola se puso un Calvario y en el del Evangelio a Santa Rita de Casia. El altar del centro tenía un frontal de plata y un Cristo con sus potencias del mismo metal, que sacaban en las grandes solemnidades y ante el cual ardían constantemente tres lámparas. En la actualidad puede verse en el altar principal una imagen de Nuestra Señora de la Soledad que parece retrato de la que existe, bien famosa por cierto, en la ciudad de Oaxaca. Alrededor de ella se ven cuatro pinturas con escenas de la Pasión, debidas al pincel de Pedro Ramírez. Arriba se encuentra un cuadro que representa El Cenáculo, firmado por José María Vázquez, en 1811, que procede de la capilla de la Cena. Encuéntranse en la misma capilla unas grandes pinturas de medio punto que acaso pueden ser atribuidas a Baltasar de Echave y Rioja.

Es famosa esta capilla en los anales de nuestra historia, por haber sido teatro del atentado que sufrió el virrey duque de Alburquerque la tarde del día 12 de marzo de 1660, en que un hombre lo atacó con su espada. Puede verse el proceso de tal demente, que se llamaba don Manuel de Ledesma, en el curioso periódico llamado Registro Trimestre. Aconteció que en esa tarde el virrey, que casi a diario visitaba la obra y después entraba a orar a la capilla, fué de pronto asaltado por un hombre que penetró hasta el lugar en que Su Excelencia estaba arrodillado. Las otras personas que se encontraban en la capilla creyeron que se trataba de un criado que llevaba un mensaje al virrey, como varias veces había pasado. Al encontrarse cerca del virrey, el de Ledesma sacó su espada y acometió contra el gobernante, pero no se ve que haya tenido intención de matarlo, pues esto le hubiera sido fácil, sino que dió tiempo a que Alburquerque se levantara y sacara su espada para defenderse. A la sazón llegaron las personas que se hallaban en la capilla y desarmaron al asaltante, le quitaron su espada y le llevaron preso.

La causa fué desarrollada con una actividad extraordinaria, pues en un solo día fué terminada, dictada la sentencia y cumplida. El hombre, que parece era un loco y que deseaba antes que nada notoriedad, fué condenado a la horca, a cortarle la mano, a ser decapitado, y su cabeza se puso en un palo alto clavado en la horca y "la mano con la espada en otro palo muy grueso y muy largo y alto frontero de las casas del marqués del Valle. El cuerpo fué colgado por los pies en la horca y permaneció allí hasta las seis de la tarde del mismo día. Llama la atención la eficacia de la justicia tratándose de un delito de leso majestad, cuando para otros era de una lentitud intolerable.

El castigo fué indudablemente excesivo, ya que no es seguro que el hombre haya tenido la intención de matar al virrey, aunque lo haya dicho, pues tal vez, si así ocurriera, el asesinato se hubiese cometido con toda facilidad y el castigo aplicado al infeliz de Manuel de Ledesma hubiese sido otro que el que se le dió, simplemente por su afán de adquirir notoriedad.

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