—El altar de Jesús María
y Joseph que está en dicha capilla todo se costeó de
bienes del capitán Juan Ruiz de Aragonés. —Don
Diego de Malpartida Zenteno, rúbrica."
El anterior
documento nos enseña, independientemente
de los costos de diversas partes de ella y de los benefactores
que los sufragaron, lo que costaba cada reja de tapincerán
de las que cubrían los arcos de las capillas:
mil pesos.
El magnífico señor don Diego de Malpartida
y Zenteno, deán de la Catedral de cuya munificencia
conservamos más de una prueba, como la preciosa
capa pluvial, joya entre los ornamentos, fué enterrado
en esta capilla de su devoción el 10 de agtoso
de 1711, después de ochenta y tres años
de vida activa y generosa.
Nunca faltaron
benefactores a la expresada capilla pues ya muerto
el generoso deán procuró también
su culto y adorno el arcediano don Ignacio Ceballos,
aunque su caridad ofuscaba a su inteligencia: mandó fundir
tres lámparas de plata que pesaban cuatrocientos
siete marcos, para hacerlas de estilo moderno.
El 29 de julio
de 1764 el señor Rubio y Salinas,
arzobispo de México, consagró los tres
altares de la misma capilla y colocó en ellos
varias reliquias: en el principal, las de los santos
mártires Inocencio, Claro, Celestina y Perfecta;
en otro, las de los santos Columbano, Justo, Victris
y Aurea, y en el último, las de los santos Constancio,
Orestes, Veneranda y Justina. Dispuso que cada año,
visitando la capilla en la misma fecha y debidamente
dispuestos los fieles, ganasen cuarenta días de
indulgencia, gracia concedida por la Congregación
de Ritos.
Reliquia no de
santo, pero sí de las más
venerables que pueden existir para los fieles de México
y aun para aquellos mexicanos que no hayan alcanzado
tal categoría, es el sepulcro que se encuentra
en el muro del Evangelio de la capilla, a poco más
de un metro de altura, cerca del arco de entrada: allí descansan
los restos del benemérito fundador del arzobispado,
don fray Juan de Zumárraga. La inscripción
que cubre su losa dice así:
HIC IACENT OSSA ILLMI AC RMI. D. D. P. IOANNIS DE ZUMARRAGA,
EPISCOPI PRIMI, ET ARCHIEPISCOPI HUIUS STAE METROPILIT.
MEXICAN. ECCLESIAE. OBIIT ANNO MDXLVIII.
Se copia la inscripción sin desatar sus múltiples
abreviaturas.
Aparte del gran
cuadro que representa El martirio de San Pedro, se
ven en su retablo otras pinturas en tabla relativas
a la historia del esclarecido apóstol,
todas anónimas. El retablo del lado del Evangelio
está consagrado a Santa Teresa, como hemos dicho,
y revela una amalgama entre los altares primitivos de
la Catedral, que consisten simplemente en encasamentos
limitados por pilastras y cubiertos por frontones triangulares,
y una obra moderna que viene a incrustarse en el viejo
retablo del siglo XVI. La arquitectura herreriana ha
sido cubierta con decoraciones pintadas y sobre ella
se sobreponen los tallados dorados de la época
barroca. Cubriendo el muro se encuentran lienzos con
pinturas al óleo que representan Escenas de la
vida de Santa Teresa de Jesús, en una de las cuales
se encuentra la firma: "Echave f." Sin duda
se trata de pintura de Baltasar de Echave y Rioja, el
tercero del nombre, pues su estilo es muy semejante al
de sus otras obras.
El altar del lado
de la Epístola está consagrado
a Jesús, María y José, como hemos
dicho, y en la actualidad sólo tiene la advocación
del santo Patriarca. Se halla adornado con pinturas que
representan Escenas de la vida de Jesús, en una
de las cuales se encuentra la firma de Aguilera, pintor
colonial que floreció en la primera mitad del
siglo XVIII.
En tiempos anteriores
se conservaban en esta capilla los santos óleos en tibores de China, riquísimos,
guardados en un armario. Ahora los santos óleos
se guardan en la capilla de San Felipe, en vasijas más
modernas, y los tibores chinos se exhiben en el tesoro
de la Catedral como algunas de sus joyas mas valiosas.
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