El señor Sandoval cita otras pinturas que quizás
fueron colocadas en tiempos posteriores: Santa Teresa
de Jesús, por Luis Garavito; del lado del Evangelio
un gran cuadro con un Crucifijo firmado por A. Escutia,
en 1884. Este cuadro fué restauración
de uno antiguo y debe haber sido funesta, pues el señor
Sandoval dice: "Desgracia y no poca fué la
de que cayera bajo el pincel del señor Escutia
para retocarlo o sea para hacer desaparecer todo su mérito."
Del lado de la Epístola, dentro del gran encasamento
original, se encontraba una gran urna con los restos
de los padres de la Patria: Hidalgo, Morelos, Aldama,
Jiménez y Allende. Durante setenta y dos años
se encontraron depositados en la cripta del altar mayor,
de donde fueron trasladados a esta capilla. El 30 de
julio de 1865, fueron extraídos de la Catedral,
depositados en el Palacio Municipal con grandes ceremonias,
y colocados en la expresada urna, en que se llevaban
ofrendas florales en los aniversarios de la Independencia.
Más tarde los restos de los héroes fueron
trasladados al monumento de la Independencia que se levantó en
el Paseo de la Reforma y en que son venerados constantemente
y arde en su honor el fuego perpetuo de una lámpara
votiva.
Existían en esta capilla un altar dedicado a
San Bartolomé y una cofradía de las Animas
del Purgatorio. En el altar en que fueron colocados los
restos de los héroes de la Independencia se encontraban
los restos del venerable padre Margil, que fueron trasladados
a la capilla de la Purísima. El acta que se levantó con
motivo de dicha traslación es interesante, por
tratarse de uno de los hombres más admirables
que han evangelizado en México.
El altar que se sustituyó a los antiguos retablos
fué uno de mármol de pésimo gusto.
Su falta de estabilidad hizo necesario que fuese desarmado
porque amenazada derrumbe. Se colocaron en la capilla
provisionalmente tres altares de mesa y grada, dedicado
el principal a San José, el otro al Santo Cristo
Teresa y el tercero a otras imágenes religiosas.
Cuando fué clausurado el templo de Montserrat
pudo lograrse que el altar churrigueresco que tenía
en su ábside fuese traslado a esta capilla.
Además de la venerada imagen del Señor
e Santa Teresa, existe en la expresada capilla el famoso
Cristo conocido con el nombre del Señor del Cacao.
Se encontraba esta imagen en el atrio del templo y mas
tarde fué trasladada al interior y a la capilla
que reseñamos, donde encontró su sitio
definitivo.
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