En ella
están enterrados
algunos parientes de San Felipe, así como los restos
del señor arzobispo don Francisco Aguiar y Seijas
que deseó ser sepultado aquí desde su muerte,
pero que no ocupó el sitio que había escogido
para sus restos sino el 6 de diciembre de 1721, gracias
a la solicitud de un su sobrino, don Francisco Partero
que, habiendo llegado a ser chantre de la Catedral, promovió la
traslación. En el muro del lado derecho de la capilla
había un altar dedicado a San Carlos Borroneo, que
fué retirado para instalar la urna que contiene
los restos de don Agustín de Itúrbide y Arámburo,
que consumó la Independencia de México. Sus
cenizas fueron traídas de Padilla a México
en octubre de 1838 y su traslación constituyó un
verdadero acontecimiento nacional.
El retablo principal de la capilla
data del siglo XVIII y ostenta en su nicho central una
escultura del santo y alrededor se ven pinturas anónimas del mismo siglo,
con escenas de su martirio. No son obras de arte de primer
orden, que no eran habituales en esa época. Al lado
de la izquierda existe un altar dedicado a Santa Rosa de
Lima, patrona de América, que bien merece un sitio
en nuestra Catedral.
En la parte exterior de esta capilla,
encerrada en una reja de madera, se encuentra la pila
en que se dice fué bautizado
San Felipe de Jesús. Don Jesús Galindo y
Villa demuestra que tal afirmación es completamente
apócrifa.
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