CAPILLA DE NUESTRA SEÑORA
DE LA ANTIGUA |

MARTÍNEZ MONTAÑÉZ (?), "EL
SANTO NIÑO CAUTIVO". |
Es
la primera capilla contigua al brazo del crucero de lado
de la epístola. Su bóveda fué cerrada
entre 1653 y 1660. Su advocación se debe a una imagen
bizantina, que existe en la catedral de Sevilla y que se
llama Nuestra Señora de la Antigua. Una fiel copia
fué traída a la Nueva España por un
mercader espadero llamado José Rodríguez
quien, visitando la catedral hispalense, se prendó de
la imagen y deseó obtener una copia para la Metropolitana
de la Nueva España. En un principio fué colocada
en algún altar del templo, pero los sirvientes de
la Catedral, principalmente los músicos, encabezados
por el primer organista, maestro de la capilla, licenciado
Fabián Pérez, procuraron fomentar su culto
y al fin lograron obtener para la imagen esta capilla,
que parece haber sido concluida antes de la fecha indicada,
pues se dice que en 1651 se hallaba ya instalada la imagen.
Esto es posible, si se atiende a que el anterior período
de construcción de la iglesia va de 1642 a 1648.
Fundaron los devotos una Hermandad con el título
de la Concordia, para venerar a esta imagen. No sabemos
ni cuándo ni quien hizo la copia de tal pintura,
pero, estudiándola de cerca, a pesar del cristal
que impide su inspección, parece que ha sido restaurada
en tiempos posteriores. |
Aun así revela
esa espiritualidad, ese hieratismo de las imágenes
bizantinas sobre un fondo cintilante de oro que simula
un tapiz o una cortina, la figura se yergue en amplios
pliegues en una actitud de serenidad y de reposo que conmueven.
Realmente nos traslada a la primera época del cristianismo,
cuando empezaron a ser pintadas imágenes después
de la furia iconoclasta, por otra parte justificada, de
los primeros cristianos. Buenas obras de arte se conservan
en esta capilla, aparte de la imagen de Nuestra Señora,
a pesar de que sus altares han sido rehechos según
el llamado gusto neoclásico, para lo cual seguramente
fueron destruidos valiosos retablos barrocos o churriguerescos.
Conservamos, además, noticia de otra imagen de la
misma advocación, de plata, que pertenecía
a la congregación de que hablamos después y
que encontramos descrita así en el inventario de 1743: "La
imagen de nuestra Sra. de la Antigua, que será de
media vara, poco más de alto con su peana con dos
tornillos que hacen una pieza. Con su niño en brazos
todo de encarnación como así mismo el rostro
(y) manos de la Sma. Virgen, que todo como está, de
plata blanca y sin quintar pesó noventa y ocho marcos
cuatro onzas. Asimismo tiene dicha Soberana imagen
otra peana grande, de cerca de una cuarta de alto, media
vara en cuadro, con sus ocho cartelas de plata lisa, su
alma de madera, que, como está pesó diez
y nueve marcos dos onzas y media, que ambas partidas componen
la de cuarenta y siete marcos, seis onzas y media." Perteneció a
su congregación y se encontraba en el tesoro de
la Catedral para su resguardo. |

MARTÍNEZ MONTAÑÉZ (?), "EL
SANTO NIÑO CAUTIVO" (SIN VESTIDURA DE TELA). |
Debe haber sido preciosa
esta imagen, toda de plata labraba, con el niño,
el rostro y manos de la Virgen te color natural, acaso
conseguido con esmalte.
La obra de arte más valiosa que se encuentra en
ella es la pequeña escultura llamada el Santo Niño
Cautivo. Se trata de una escultura española del
estilo que floreció en la península por los
años de 1620 a 1630, que puede ser atribuida a Martínez
Montañez. Su nombre lo debe a que realmente estuvo
en Argel con su dueño don Francisco Sandoval de
Zapata, que había sido nombrado para una prebenda
de racionero en la Catedral de México y que fué apresado
por los piratas berberiscos en 1622 y conducido a Africa
en calidad de cautivo. Enterado el Cabildo de México
de estos hechos, quiso rescatar a su prebendado pagando
por ello dos mil pesos. Desgraciadamente el rescate llegó tarde,
el justo varón había fallecido y sólo
pudieron rescatarse sus restos junto con la imagen del
Santo Niño. En recuerdo de su cautiverio tiene esposas
en sus manos y en la peana un compendio del relato de su
cautiverio y del de su dueño. Como la imagen llegó a
México en 1629, año en que fué enterrado
el doctor Sandoval en la iglesia de San Agustín,
no se sabe dónde se haya colocado entonces. Más
tarde estuvo en el altar de los Reyes y después
en el altar de San José, junto a la sacristía,
de donde pasó a esta capilla.
El altar del lado de la Epístola se halla dedicado
a San Cayetano y además ostenta una imagen de San
Nicolás Tolentino, en tanto que el del Evangelio
ha sido consagrado a San Juan Nepomuceno y en él
se encuentra una imagen de San Buenaventura. Bastantes
obras pictóricas adornan esta capilla: una Crucifixión
firmada en 1756 por Cabrera; un San José de Juan
Rodríguez Juárez (1724) y un San Juan Evangelista
de José Ibarra, (1740), que regaló don Juan
José Toscano y Aguirre, el primero en 1742 y el
segundo en 1749. Dos cuadros de Nicolás Rodríguez
Juárez cuando ya era clérigo presbítero:
un Nacimiento y una Presentación en el Templo.
En esta capilla tenía sus juntas
y celebraba sus ceremonias una congregación llamada
de Nuestra Señora
de la Antigua, formada por los padres capellanes, los coristas
e infantes de la Catedral, que hacían los funerales
y guardaban los aniversarios de sus compañeros fallecidos
que eran enterrados en ella. Poseía, como hemos
visto, otra imagen de la misma advocación trabajada
en plata. |
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