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CAPILLA DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE

"LA VIRGEN MARÍA", TESORO DE LA CATEDRAL DE MÉXICO.

Su bóveda estuvo concluida antes de 1660 y sirvió de Bautisterio cuando la catedral nueva fué puesta al servicio público. Más tarde, el bautisterio fué trasladado a otro sitio y la capilla cedida a la archicofradía del Santísimo Sacramento para sala de juntas y a fin de que guardasen los útiles que se empleaban en el servicio de la iglesia.

Bien conocida es la historia de la archicofradía del Santísimo, sin duda la institución religiosa privada más importante de toda la época colonial. Su prestigio se debía a la calidad de sus miembros y a las riquezas que logró reunir, de que es buena muestra el gran arcón de tres llaves que se conserva en una de las salas interiores. Su propósito de beneficencia se realzaba especialmente en la fundación del célebre Colegio de Niñas, que estuvo a cargo de dicha institución. Este colegio se llamó al principio "Colegio de Nuestra Señora de la Caridad", pero como estaba destinado siempre a doncellas el pueblo le llamó "Colegio de las Doncellas" y más tarde "Colegio de Niñas." Largos años duró tal archicofradía, así como el colegio sostenido por ella.


Cuando se promulgaron las Leyes de Reforma, la archicofradía fué disuelta y el colegio refundido en el llamado de las Vizcaínas, único que subsistió de semejantes instituciones coloniales.

Es indudable que fué en la época citada cuando las amplias salas que servían para las reuniones de los miembros de la archicofradía fueron dedicadas a bodegas, como subsisten en la actualidad.

Veamos las obras de arte que se conservan en esta capilla. Naturalmente una asociación tan rica quiso renovar sus altares y lo hizo a principios del siglo XIX; se encargó un proyecto al notable escultor don Manuel Tolsá, así como para la capilla de la Cena, pero no parecieron aceptables, ignoro por qué causa, y se encargaron otros al director de arquitectura de la Real Academia de San Carlos, don Antonio González Velásquez, los cuales fueron aprobados y de acuerdo con ellos se renovaron los altares de ambas capillas.

"LA VIRGEN MARÍA" (DETALLE), TESORO DE LA CATEDRAL DE MÉXICO.


Dirigió la obra el arquitecto de la ciudad, don José del Mazo y Avilés; talló las estatuas el escultor Clemente Terrazas y pintó los cuadros, de la Cena, de Guadalupe y del Divino Salvador el artista don José María Vásquez. El maestro de platero o patrón de platería, como se acostumbraba decir entonces, don Mariano de la Torre, intervino en la obra del dorado. El altar del lado de la Epístola se halla dedicado a San Juan Bautista, a quien acompañan sus padres San Zacarías y Santa Isabel, y el del Evangelio, a San Luis Gonzaga con los santos jesuitas San Francisco Javier y San Estanislao.

La imagen de la Guadalupana que se encuentra en el altar principal aparece firmado por Labastida en 1809. A sus lados se ve a San Joaquín y a Santa Ana y abajo de la imagen Guadalupana un lienzo del Sagrado Corazón de Jesús.

La lista de las pinturas que se guardan en las bodegas de esta capilla, comunicada con ellas por medio de un postigo en el ángulo de la derecha, sería interminable, pues se conserva allí una verdadera pinacoteca. Mencionaremos las más importantes: un Lavatorio y un Cenáculo, firmados por Antonio Torres en 1730; un cuadro anónimo de La Coronación de Espinas; un San José; una Guadalupana; retratos de medio cuerpo de los Papas Pío VII y Gregorio XVI, y de cuerpo entero el de Benedicto XIII, firmado en 1724 por Nicolás Rodríguez Juárez. Retrato del Príncipe de Asturias, Luis Fernando, debido a Juan Correa. Además existe una galería de retratos de los señores arzobispos de México, de cuerpo entero, y los cuales sería de desear estuviesen en un lugar más visible, acaso sustituyendo los retratos de busto que no son de gran mérito artístico y se ven en la sala capitular. Entre los más notables retratos por sus autores, debemos mencionar los siguientes: don fray Juan de Zumárraga, don fray García de Santa María y don fray Garcia Guerra, firmados los seis por Echave. Las obras se encuentran tan retocadas, que no es fácil determinar de cuál de los tres Echaves se trata; probablemente se deben a Echave Ibía. El retrato del señor don Juan Pérez de la Serna, firmado por Basilio Salazar, pintor famoso en su tiempo. El retrato del señor don Francisco Manse y Zúñiga, obra de arte de primer orden, ostenta la firma de Sebastián de Arteaga. El retrato del señor don Juan de Palafox y Mendoza está firmado por José de los Santos. El del señor don Juan de Mañozca, por Juan Salguero. El de don Alonso de Cuevas y Dávalos, por Juan Correa. El de don fray Marcos Ramírez de Prado, por José de los Santos. El del señor don José Lanciego y Eguiluz, obra de arte notabilísima, por Juan Rodríguez Juárez, en 1714. El del señor don Juan Vizarrón y Eguiarreta, por Nicolás Rodríguez Juárez. El de don Alonso Núñez de Haro y Peralta, por Francisco Vallejo, en 1773.

Los demás retratos son anónimos y sólo existe hasta el del señor Posada y Garduño.

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