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ALTAR DEL PERDÓN

ALTAR DEL PERDÓN DE LA CATEDRAL DE MÉXICO |
Se
llama altar del Perdón en las catedrales españolas
el que ocupa el transcoro y que por eso queda frente a la
puerta principal de la iglesia que recibe, igualmente, el
nombre de puerta del Perdón. Débese ésto
a que por esa puerta entraban los penitenciados del Santo
Oficio a reconciliarse con la iglesia que les otorgaba magnánimamente
su perdón, después de ciertas ceremonias rituales.
En todas las catedrales españolas existe la puerta
llamada del Perdón.
Este altar no puede datar sino de época
posterior a la conclusión de la Catedral. No sabemos
cuál
haya sido su disposición en el siglo XVII, sino
sólo que fué estrenado el 5 de agosto de
1650, como lo reseña Guijo en su Diario (pág.
136): "Dicho día, (5 de agosto de 1650) celebraron
los hermanos de la hermandad de Nuestra Señora del
Perdón del altar de la catedral la fiesta de las Nieves,
que fué este día, y estrenaron un colateral,
y renuevo del pincel de la Virgen y lienzos de los doce apóstoles,
y le añadieron los cuatro
evangelistas:fué muy solemne fiesta,que tuvo
suprincipio
desde el año pasado de 1648, y cantó la misa
el cabildo de la iglesia y capilla, |
y
asistió todo él, y todo
el gasto de lo referido y paga del cabildo se recoge del
medio real que cada uno de los hermanos da cada semana,
y este día eligen rector, diputados y mandatario:
dicen costó el altar 2.000 ps." El actual data
del siglo XVIII y, según los cronistas de la Catedral,
fué dedicado el 29 de junio de 1737. Según
las noticias tradicionales, su obra se debe al mismo artífice
Jerónimo de Balbás que hizo el altar de los
Reyes y el antiguo ciprés.
Tres obras de arte de primer orden
adornan este retablo. Sobre la mesa del altar, cubriendo
el tabernáculo,
una pintura al óleo con una Santa Faz. Está firmada
claramente por el insigne pintor Alonso López de
Herrera, que floreció a principios del siglo XVII
y dejó una serie magnífica de obras de que
se enorgullece nuestra pintura colonial. Esta no puede
considerarse entre las mejores creaciones de su espíritu,
pues tenía que seguir ciertas indicaciones previas
que dan a su pintura un aspecto un tanto convencional.
Sin embargo, puede asegurarse que es mejor que otras que
con el mismo tema se conservan del mismo artífice.
La gran pintura que decora el centro del altar representa
a la Virgen María con el Niño en sus brazos,
algunos santos a sus lados y ángeles en la parte
superior. |

FRANCISCO DE ZUMAYA (?) "SAN SEBASTIAN". |

VISTA DE CONJUNTO DEL ALTAR DEL PERDÓN. |
Esta imagen
ha dado origen a una leyenda muy arraigada en la época colonial.
Se decía que tal pintura era la obra de un preso
que había obtenido su libertad en una forma extraordinaria,
pues habiendo logrado sobornar a su carcelero para que
le proporcionase colores y pinceles, pintó en la
misma puerta de su celda una imagen de la Virgen. Cuando
los jueces que lo habían sentenciado a la prisión
vieron aquella imagen tan devota, decidieron que un hombre
que sabía pintar cuatros con imágenes de
una pureza tal, de un fervor religioso semejante, no podía
ser culpable de los crímenes que se le imputaban
y que, en consecuencia, debía libertársele
incontinenti. |
Los historiadores que se han ocupado en
este asunto, se hallan conformes en que dicho cuadro no
puede referirse a otro pintor que a Simón Pereyns, que
poco más o menos sufrió todas las vicisitudes
que se refieren en tal leyenda. Efectivamente, Pereyns,
pintor de fama que había llegado a México en
1566 en el séquito del virrey don Gastón de
Peralta, dos años más tarde, por descuido en
su manera de hablar o más bien por la falta de protección,
puesto que el virrey había sido llamado a España,
fué procesado por palabras mal sonantes y condenado
a pintar a su costa una imagen de Nuestra Señora de
la Merced para la catedral vieja de México. Yo supongo
que la advocación de la pintura fué cambiada
y que realmente Pereyns pintó esta imagen como castigo
a sus ingenuos pecados. |

SIMÓN PEREYNS. LA VIRGEN DEL PERDÓN |

SAGRADA FAMILIA DEL ALTAR DEL PERDÓN |
El hecho de que la pintura esté en una tabla con
clavos de puerta, como puede observarlo cualquier espectador,
indica sólo que no hubo una tabla bastante grande
para que el procesado cumpliese su sentencia y, entonces,
en las hojas de una puerta cuyos clavos fueron aplanados
a fuerza de martillo y sobre la cual se puso una tela,
tuvo que pintar su cuadro. En la parte alta existe un cuadro
que representa a San Sebastián y que, lo mismo que
su compañero de abajo, ha sido objeto de una antigua
tradición. Según ella, esta pintura se debe
a una mujer extraordinaria que se llamaba la Sumaya, la
cual enseñó el arte de la pintura al famoso
pintor Baltasar de Echave Orio. Todas las tradiciones tienen,
aparte de la belleza que las circunda, un fondo de realidad.
La realidad en esta leyenda es la que a seguidas damos.
Baltasar de Echave, nacido cerca de Zumaya en Guipúzcoa,
a mediados del siglo XVI, llegó a México
y, relacionándose con sus paisanos, entró al
taller de Francisco Ibía, natural de Zumaya, su
conterráneo, conocido por el lugar de su oriundez,
que era pintor de prestigio en la Nueva España. |
Echave,
dotado de grandes facultades, estudió la pintura con su paisano y logró desarrollar
su arte en una forma extraordinaria. México, en
aquella época, era una ciudad a la que afluían
así artistas como obras de arte de España,
de Flandes, de Italia. Echave, puede decirse, se descubrió a
sí mismo y con el tiempo llegó a ofuscar
hasta sumirlo en el olvido a su maestro Francisco de Zumaya.
Pero éste tenía una hija. Se llamaba Isabel:
era muy bella. Echave, lo mismo que los aprendices de muchos
otros pintores, lo mismo que aquel aprendiz que se llamaba
Diego Velásquez, se prendó de la hija de
su maestro Francisco Pacheco, la enamoró y se casó con
ella en 1582, sin ser todavía un distinguido maestro
de pintor. Echave siguió laborando, y así como
Velásquez opacó por completo a Pacheco, él
dejó en la sombra a Zumaya. Son la tradición
y las investigaciones de críticos modernos las que
han vuelto su prestigio a este ignorado artista. La tradición
dice que fué la Zumaya la que enseñó a
pintar a Echave. Seria tal vez el amor de la Zumaya la
que hizo que Echave aprendiera la pintura, pero no de ella,
sino de su padre, el Zumaya. El cuadro de San Sebastián,
que difícilmente puede ser estudiado por la altura
a que se encuentra y por el odioso e inútil cristal
que lo cubre, es, en la actualidad, bien interpretada la
leyenda de que hemos hablado, el único que puede
documentarse de Francisco de Zumaya debe observarse que
existía en la catedral vieja de México una
cofradía de San Sebastián fundada antes de
l565. Para tal cofradía puede haber sido pintado
el cuadro que hemos estudiado.
El altar fué dedicado el 19 de junio de 1737 y
los cronistas de la Catedral suponen que fué obra
del mismo Jerónimo de Balbás que hizo el
altar de los Reyes y el llamado ciprés. Ocupa el
trascoro. Se compone de un primer cuerpo formado por cuatro
estípites y un segundo en forma de remate semicircular
con medallones con santos en relieve. Representan a San
Cayetano, San Felipe de Neri, San Apolonio, San Dativo,
San Saturnino, San Leandro, San Valentino, San Cándido,
San Delfiao y Ananías. Existen además en
el mismo retablo ocho esculturas que representan a San
Rodrigo, San Félix, San Pedro Arbués y San
Zenón; además, San Lorenzo, San Esteban,
San Juan Nepomuceno y San Cayetano.
Destruyendo la armonía de este retablo, se colocó sobre
la Virgen pintada por Pereyns un relieve con la Santísima
Trinidad rodeado de una ráfaga dorada. Igualmente
otro símbolo con semejante ráfaga en la parte
alta. Ambos agregados fueron obra del piadoso, aunque indiscreto
celo eclesiástico de don Francisco Ontiveros, de
quien hemos hablado.
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